
Tiempos de espeso y largo silencio,
sumidos en sombras sin consentimiento.
Bajo la lámpara mustia y cansada,
que finge alumbrar y no alumbra nada.
Cansancio brutal, casi inhumano,
como de bestias caídas en el llano.
Entre terrones resecos y duros,
acechan colmillos violentos y oscuros.
Y lloran los críos en desolación,
huérfanos vivos de toda protección.
Abandonados de madre y abrigo,
mientras ladran los perros sin testigo.
Sabiendo que el mundo prosigue su giro,
como si el dolor no tuviera suspiro.
Y el alma se pierde, errante y oscura,
por grietas sin luz ni arquitectura.
En tanto, en las esquinas calladas,
los monstruos esperan con fauces cerradas.