
Frío, tan hondo y tardío,
que el alma se muere en su vacío.
Súbito abismo que hiere y duele,
y nadie mirar su ruina quiere.
Se arrastra la muerte, lenta y fuerte,
aunque alguno crea que la merece.
Mas cuando el final aparece,
ningún orgullo permanece.
Y lloran con idéntico espanto,
lo mismo el fiero que el manso.