
Volutas de humo que nadie ve,
pensamientos que ignoro qué fueron, no lo sé.
Sombras que un día latieron conmigo,
hoy son ceniza sin nombre ni abrigo.
Con ellos sufrí, con ellos lloré,
y ahora en la nada los perderé.
Me miro en silencio, frente a la pared,
blanca y desnuda como mi aridez.
Y pienso en el hondo y negro abismo,
que cubre mi herida con su espejismo.
Cierro los ojos, cansado y callado,
mi piel es la de un pulso gastado.
Un corazón que ya no quiere latir,
que duda incluso si debe seguir.
¿Y qué más da lo que fue pasado,
si todo lo vi marchar, desgajado?
Pasó a lomos del viejo recuerdo,
dejando mi espíritu frío y yerto.
Quedó en mi alma, mudo y varado,
como un barco sin puerto ni lado.
Y ahora, tras tanto dolor soportado,
mi alma en silencio ha estallado.