
La noche cae cerrando todo,
y cubre el mundo en denso lodo.
Agota el pulso claro del día,
y vuelve amarga la sangre fría.
El miedo surge sin dilación,
se extingue toda ilusión.
Queda el insomnio, fiel testigo,
y un grito mudo late contigo.
No suena afuera, nadie lo aclama,
pero resuena dentro en la cama.
Habla del alma que se quebró
cuando la luz se desmoronó.
Negro es el aire, nada progresa,
todo amenaza, todo atraviesa.
Vivir a veces pesa y cansa,
hiere el dolor de la desesperanza.
Quisieras no volver a despertar,
morir sin duelo ni respirar.
Disolverte en la oscuridad,
dejar al fin de agonizar.
Mas no se otorga tal concesión,
la noche impone su duración.
Morirás cuando menos quieras,
tras largas horas y largas esperas.
Vendrán los males, uno tras otro,
y el grito humano sonará a potro.
La vida es áspera disciplina,
nadie la esquiva ni la declina.
Aprovecha, pues, cada momento,
aunque transcurra sin firmamento.
El día que hoy se va callado
tal vez no vuelva por tu costado.