
Sonidos rítmicos, cual golpes resonando,
son segunderos, tiempo que se va agotando.
Días que se descuentan sin piedad contada
de una vida frágil, ya casi desfondada.
Que, al mismo ritmo, se fatiga y se cansa,
mientras su pulso tenue pierde la esperanza.
Perspectivas del tiempo que quedó enterrado,
y que, por más que duela, no será cambiado.
Las malditas elecciones, viejas condiciones,
que nunca fueron ventas: solo maldiciones.
El egoísmo torpe que encegueció,
y aquello justo y propio que jamás llegó.
Es el sonido firme del viejo diapasón,
que insiste en su eterna y monótona canción.
El tiempo corre, el tiempo ya corrió,
y me alcanza, me toca… ya me alcanzó.