
Colores, colores,
como un jardín entero lleno de flores.
Molinillos que giran como en enloquecida danza,
y el aire que suspiran mientras todo avanza.
Procesadores que ejecutan lo imposible,
perdidos en tareas, sutiles, invisibles.
Memorias que jamás olvidan su medida,
tan firmes y certeras como muerte y vida.
Y un rostro inmenso, luminoso y flotante,
que te muestra lo que ofrece en cada instante.
Monstruos amables, de mil aleaciones,
que calculan tu mundo o te cantan canciones.
El único temor que queda al pensar,
es cuándo, en su inteligencia, decidirán parar.