Yo no Pedí Venir (Rima)

Yo no pedí venir ni ser llamado,
pero igual me trajeron a este lado;
no quise permanecer en lo otorgado,
pero aquí me ves, en pie y cansado.
He pasado lo que he pasado,
nunca quise nacer, nunca he logrado
entender con mi juicio limitado
qué hago aquí, por qué fui destinado.
Desde pequeño sentí, desorientado,
que este sitio no era para mi estado,
pero nada pude mover ni he cambiado:
siempre tuve en la mente, agobiado,
huir con prisa, marchar desatado,
dejar de vivir y sufrir lo dictado;
pero nada sirvió, nada ha resultado.
Así que, tras los años ya cargados,
solo espero ser pronto olvidado,
borrado el contacto malhadado
de otras pieles de corazón basto,
de seres inmundos del mundo gastado,
pues nada se salva, ni bueno ni honrado.
Salvajes, malvados, sin cuidado,
eso la vida ha dejado a su lado:
egoístas taimados, sin recato
que solo merecen ser apartados.
Y este pobre viejo, ya marcado,
con su pellejo de tiempo quemado,
solo quiere terminar su legado,
cerrar su penar largo y pesado.
Que este mundo que —dicen— creó un dios alado
no es para alguien como yo, extraviado;
así que, seres del diario relato,
se acabaron los sucesos narrados,
o eso quiero creer, ya fatigado,
pues poco me queda de lo ya mirado.
Mi edad es avanzada en su trazado,
mi alma está rota, mi ser desgastado,
y mi corazón lleva un tinte ennegrecido;
solo pido a ese dios indefinido
que no me lleve con él al camino,
que me deje en vacío, en olvido,
silente en un rincón sin destino.
El paraíso no es para mí elegido,
ni tampoco el infierno temido;
solo quiero un rincón reducido
donde caer, dormirme rendido,
y desvanecerme en nada, sin ruido,
sin mañana ni futuro repetido
para quien escribe este día vencido.

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