
Yo no sé del Rocío,
De los veranos calientes,
Ni todo lleno de gente,
Hasta que venga el frio,
Dadme la playa callada,
Todo de todo en ella varada,
El abandono de las conchenas,
Cuando de agua la marea,
La playa, ya callada, llena,
Háblame de los paseos sin fin,
De las tardes antes de dormir,
Del frio que trae el mar,
Ola tras ola sin cesar,
Del olor de la marisma,
Que sale de la mar misma,
De sentarse bajo los pinos,
Escuchando en la tarde los sonidos,
Que trae la marejada,
En la arena abandonada,
De las playas infinitas,
Que a soñar te invitan,
En esa punta que al mar sale,
Y que con ella se vale,
Para que el viento,
En furioso movimiento,
Agite las banderolas,
Y vuelva locas a las olas,
Esa si es la bienvenía,
De mi invierno en Punta Umbría.