
Caminos de brillante arena,
Que los moja el mar en su condena,
Mientras se revuelven, curiosas las conchenas,
Y entre los pinos, dunas,
Que se mueven al son del viento que las acuna,
Rodelas de sol que en la marisma aúlla,
Salitre que escapa de la húmeda marisma,
Y sin saberlo, ella misma,
Cuando apenas el amanecer se atisba,
Llena todo con su olor, con su calentura,
Que llega hasta la desembocadura,
De ese brillante rio, que arrastra la tierra dura,
Donde los cangrejos se esconden en su huida,
Y el atlántico grita con su fortaleza,
Y la arena es arrastrada con su violencia,
Mientras las gaviotas, en las alturas, piden clemencia,
Esos son los normales días,
En las playas de Punta Umbría.