
Nada que escuchar,
Todo es silencio,
En la soledad,
Ecos de voces perdidas,
Entre el viento,
En las avenidas,
El polvo que se levanta,
En las esquinas,
De la vieja casa,
Que nadie derriba,
Y el sonoro eco marchito,
De lo que se marchó calladito,
Son los ecos distantes,
De mundos cambiantes,
Que, entre la sombra,
Se asombran,
De lo prometido,
En el siglo del milenio,
Del que se acabó en silencio,
Del de las guerras,
Las del odio desgarrado,
Que aún no ha acabado,
Silencio entre los ecos rotos,
De los pobres muertos,
Que callados quedan,
Como todos, en silencio,
Se acabó el siglo pasado,
Y este que comenzamos,
Lo llenaremos de sangre,
Lo vamos llenando,
Que callados están los muertos,
En su país de silencio,
En sus mullidos huecos.