
Antes de que cante el gallo,
en la fría madrugá,
se levanta la claridad
sobre el pico más alto.
En la nieve del peñón,
donde el aire es punzón,
y en las esquinas del corral
las gallinas dan señal.
Despiertan claras de vida
tras la sombra resentida,
velos rasga la alborá
con su filo de verdad.
El día empieza a clarear,
los hombres van a campear,
al tajo que vuelve a sonar,
con sus cuerpos de faenar.
En la tarde invernal tornarán,
salvo que aguas del cielo cayeran,
mas en el limpio azul que veneran
ni una gota se ve que bajarán.