
Mañanas que son mañanas que la noche arrebata,
dejando en su regreso la penumbra ingrata.
Habitación perdida, de recuerdos herida,
cuando la sombra llega parece destruida.
Canciones se levantan si el humor se tambalea,
y quien mire de cerca sabrá que el alma flaquea.
Sonidos apagados recorren los pasillos,
muebles que en su silencio parecen viejos cuchillos.
La noche se despide con lamentos dolidos,
dejándonos tan solos, quebrados en sollozidos.
Amanece de nuevo la mañana encendida,
como si nada hubiera perturbado la vida.
Mas queda el alma varada en la ilusión,
como una playa desnuda, desierta de sol.