
Nubes suaves, de azúcar y caramelo,
suben lentas, se pierden hacia el cielo;
niños corren con risas, van creciendo,
mientras sus madres quietas van viendo.
Sopla el viento en la tarde que declina,
cuando el día, al morir, renace y brilla;
árboles densos su frescura regalan,
en el parque, donde todos descansan.
Se fue el calor que al mediodía ardía,
y en sombras nuevas renace la alegría;
todo retorna con su vivo albedrío,
la vida vuelve como osado desafío.
El curso sigue, nada se detiene,
la vida en nudos su batalla tiene;
y cae la noche con su negra cortina,
esconde al hombre tras la dura esquina.
Se extingue el canto, el reposo rendido,
todo regresa por donde ha venido.