
Cuentos que no hay que contar,
que en lugares oscuros se deben quedar.
Allí donde tienen que estar,
mientras la vida continúa sin parar.
Y la ves delante pasar,
sin poderla jamás alcanzar.
Rencores de vieja vida,
de la que fue siempre perdida.
De esa vida que regalar,
ni siquiera quieres prestar.
La que no quieres ni dar,
porque sabes que no vale nada.
La que no quieres vivir,
aunque te toque seguir.
Es tu manera de decir,
que la vida que quieres sentir.
No se paga ni se da,
con lo que venga o se irá.
El sentir de lo que sientes,
¿quién podrá ir contra tu mente?
Es tan solo el viejo latir,
de tu corazón al vivir.
Que con razón o sin razón,
te habla desde el corazón.
Y te dice que tu vida,
debe ser por ti vivida.
No el mandato de los demás,
ni el camino que ellos verán.
Libertad para caminar,
caminos nuevos que pisar.
Sendas largas que patear,
aunque sea fácil tropezar.
Estar lejos de todo ruido,
donde el mundo queda perdido.
En profunda soledad,
donde nadie espera nada.
Y aun así quieres dar,
lo poco que puedas entregar.
Fin del mundo y soledad,
solo eso… y nada más.