
Caminos de fango en tierra reseca,
lágrimas caen donde el alma se quiebra.
Y me juras por tu vida encendida,
que siempre, dices, fuiste solo mía.
Pero tantos te vieron, sin medida,
vendiendo el alma, vacía y perdida.
Quiero sangre, la tuya, sin perdón,
que mueras presa, tras tu traición.
Después que rompa, sin compasión,
tu malvado y falso corazón.