
Caminos que caminar,
Entre los pinos,
Del viejo pinar,
Cuestas que suben,
A ningún lugar,
Y entre los higos,
De la higuera caída,
Que nunca caerá,
Y el arroyo canta,
Lo que quiere cantar,
Da las gracias,
Por poderlo escuchar,
Y cruza, por donde,
No medra el rosal,
Entre las piedras,
Que relucirán,
Mientras el agua,
Los cruza con su cantar,
Y el sendero sube,
Se empina más,
Como si no quisiera,
Dejarte pasar,
Pero te arriesgas y subes,
Casi hasta las nubes,
Donde el milano grita,
Y sus alas agita,
Como diciendo,
Que no te puedes quedar,
Y apaciguas tu respirar,
Mientras lo observas volar,
Y el valle, y el reguero, y el pastizal,
Que, a tus pies, tras del roquedal,
Se extiende a tu vista, y más,
La paz, la tranquilidad,
El viento, la calma,
Hasta la tempestad,
Todo eso tienes,
Sin nada que pagar,
Aunque sabrás,
Que al final,
Por mucho que lo dilates,
Tendrás que bajar,
Pero algo se queda en ese lugar,
Quizás sea algo de paz,
Que, en la bajada,
Bien te vendrá,
De vuelta a la vida,
A la malnacida,
Que te esperará.