
La distancia,
dueña de toda estancia.
La que separa todo,
llenándolo siempre de lodo.
Sin medida extendida,
va cubriendo nuestra vida.
Caminos huecos y perdidos,
de secretos escondidos.
Sendas que nunca serán,
caminos que no se andarán.
Es la distancia inmensa,
la que separa la existencia.
Con su presencia fría,
el camino se vacía.
Y todo acaba en separación,
como rota ilusión.
La vida se vuelve nada,
sombra triste y apagada.
Y todo queda callado,
como cuando nada ha quedado.
Es la distancia profunda,
la que verdad y sueño confunda.
La que separa realidad,
de la engañosa irrealidad.
La que nos mueve y nos lanza,
y también mata la esperanza.
Por no poder alcanzar,
lo que quisimos tomar.
Y todo al final oscurece,
cuando el horizonte desaparece.
Se ve el fondo del mar,
donde no se puede respirar.
Movimientos lentos y cansados,
por recuperar lo perdido y negado.
Lo que nos quitó el aliento,
lo que nos dejó el tormento.
Lo que hizo brotar el ansia,
nacida siempre de la distancia.
La distancia…
eterna constancia.