La Noche que no Acaba Nunca (Rima)

La noche que no acaba nunca,
son las tres y el silencio te trunca.
Y no sabes lo que buscas,
con el alma perdida entre brumas.
Destruido un cuerpo sin ganas,
miras callado hacia las ventanas.
Como si algo allí se ocultara,
como si la sombra algo guardara.
Y piensas que nunca se acaba,
que el tiempo sin descanso te atraviesa y te graba.
Superas apenas un día,
y el siguiente también te vacía.
No perdona ni amansa,
solo sigue su eterna balanza.
Con su larga y fría perorata,
que jamás se detiene ni acata.
Y alguien en la calle canta,
una voz que la madrugada levanta.
Canciones que nadie entiende,
pero el alma en silencio las prende.
Como caldo hirviendo y ardiente,
que nos quema por dentro la mente.
Que se lleva la calma,
y desgarra en silencio el alma.
Y nos vuelve más salvajes,
pagando los duros peajes.
De esta vida miserable,
donde sonreír parece deleznable.
Y los duendes, borrachos y anchos,
duermen torcidos en viejos poblachos.
En esquinas de barro y ruina,
donde el sueño cansado se inclina.
Y se adivinan hadas extrañas,
entre juncos, humedales y cañas.
Rozándose entre viejos tarajes,
resistiendo cansados viajes.
Que les dan los traviesos trasgos,
con sus raros y torpes artefactos.
Y la noche, oscura y secreta,
muestra al mundo su faz inquieta.
Donde todo parece perdido,
y el deseo gobierna el sentido.
En un mundo cansado y ardiente,
donde todo se vuelve inclemente.

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