
Por fin vuelve a salir el sol,
y la mañana brilla en su fulgor.
Se siente el cuerpo mucho mejor,
y el ánimo despierta con ardor.
El nublado por fin se olvidó,
y con el frío lejos se marchó.
La tierra húmeda ya se secó,
y el río su caudal recobró.
Los ríos bajan llenos de caudal,
y todo vuelve a parecer normal.
La ribera se llena de humanidad,
de paseantes buscando serenidad.
Son los paseos del atardecer,
cuando marchas al río para ver.
En la ribera a los enamorados,
o pescadores junto a los cañaverales dorados.
Sentarse en un bar al fresquito,
y compartir tranquilos unos fritos.
Acompañados de fresca gaseosa,
mientras la tarde se vuelve hermosa.
Y la mirada tranquila goza,
mientras la luz en el agua reposa.
Con el transcurrir del plácido río,
que llena de plata el rincón baldío.
Son los paseos por la ribera,
como se hacían en otra era.
Ahora miramos siempre la pantalla,
sin saber bien lo que en ella estalla.
Y dejamos de pensar y de mirar,
lo que la vida nos quiere mostrar.
Debemos nosotros salir fuera,
y volver a caminar la ribera.