
Cuando escribir te mata,
Cuando la vida quiere salir,
Y el alma se espanta,
Que ya es demasiado vivir,
Y se te cansa el alma,
Mientras pierdes la calma,
Ante un trozo de papel,
Y solo quieres ver,
Como la pluma avanza,
Dejando la pobre traza,
De tu alma en un papel,
Renglones torcidos de un dios,
Que nunca te amó,
Que a solas te dejó,
En un mundo de dolor,
Y la pluma liberación,
El trazo la obstinación,
De ese largo recorrido,
En el que has escrito,
Ese dolor que has vivido,
Y que quieres dejar reflejado,
Con ese trazo cansado,
Del que no quiere escribir,
Ni tan siquiera vivir,
Esta vida que te han dado,
Y que nunca pidió,
A ese que se la dio,
Como si fuera venganza,
Y como terremoto pasa,
Dejándolo todo destruido,
Todo es lo que se ha vivido,
Y lo que queda por vivir,
Será más destruir,
Pero esta triste alma,
Que nunca conoció la calma,
Y que vivió con temor,
De ese tan grande señor,
Que, con solo su proclama,
Se invoca el más grande terror,
Y el crepitar de las llamas,
Te alcanza y te inflama.