
Viento gélido de la mañana
que se cuela por mi ventana;
los cristales, empañados,
por el vaho aprisionados.
Manos frías al despertar,
que tardan tiempo en calentar;
y la cama, dulce y temprana,
se vuelve amante y soberana.
Todo el aire está helado,
todo parece congelado;
un café caliente y presente
busca despertar la mente.
Esos ojos cansados,
aún siguen adormilados;
no se quieren ni abrir,
solo desean dormir.
Los dedos de los pies helados
quedan torpes y congelados;
ponerlos sobre el suelo frío
es desafío al desvarío.
La ropa rígida cual cartón,
y el cuerpo duro como latón;
los pasos dejan el colchón
con desespero y decepción.
El viento frío sopla con maldad
cuando uno sale a caminar;
maldecir por tener que trabajar
es la rutina de continuar.
Así discurre la jornada
con el alma congelada;
y aun con todo, sin parar,
la vida obliga a continuar.