
Hace tanto que no veo el sol,
que todo es sombra alrededor;
no miro el cielo en su claridad,
ni siento la noche en su verdad.
Solo contemplo muros de cal
que no devuelven brillo ni señal;
paredes con ventanas pequeñas
que nada dicen, mudas y ajenas.
Solo los leds con su resplandor
simulan pobremente al sol;
y pienso, con leve temor,
que el sol sería mucho mejor.
Nada hay fuera de esta morada,
todo es una vida aclarada;
que muere lenta cada mañana
tras las ventanas siempre cerradas.
Y cuando escucho algún sonido
sé que ya todos se han ido;
es mi burbuja detenida,
reflejo triste de mi vida.
Donde tan solo un breve día
se vuelve mil años de agonía;
y todo acaba en la nada
de esta existencia varada.
En una rueda siempre girante
de ritmo gris e incesante;
algo que nunca termina
mientras respira la vida.
Hasta que un día, en su acontecer,
la vida decida detener;
y todo acabe al desaparecer
como la sombra al amanecer.
Quizá sea lo más deseado:
desaparecer de cualquier lado.