
Campos teñidos de un gris dolor,
en mundos de hierro, sin color.
Que resisten toda embestida,
pero en silencio lloran la vida.
Caminos de lava al andar,
sin saber por dónde empezar.
Pasos dados hacia el vacío,
bestia herida, cuerpo frío.
Y el universo, en torbellino,
se pliega en sí, sin destino.
Como un niño desquiciado,
que juega sin saber el pecado.
Estelas de bestias sofocadas,
que vagan, perdidas, desorientadas.
Sin rumbo ni dirección,
presa de su confusión.
Marcha de locos sin sentido,
que creen tener cometido.
Y los amos, desde su tierra,
imponen orden, siembran guerra.
Pero todo se tuerce al momento,
nada sigue su fundamento.
El cosmos cae en cataclismo,
vuelto sobre sí, sin exorcismo.
Y cuando el último grito cesa,
la humanidad, vil, se desvanece.
Caminas entre ruinas calladas,
ya no hay almas, solo nada.
Solo quedan, en la escena vacía,
idiotas babeando su letanía,
y un santo que, sin voz ni habla,
sonríe, en oración que no acaba.
Ya todo es fuego, no hay invierno,
el fin dejó abierto el infierno.
El odio al fin ha estallado,
el hombre, por fin, eliminado.
Abres los brazos hacia el cielo,
se ha cumplido tu oscuro anhelo.
Con tiempo, dolor y paciencia,
se purgará toda pestilencia.
El monstruo ha sido desterrado,
el mundo, limpio, ha despertado.
Si justicia rige esta herida,
entonces, por fin… hay vida.