
Esta noche, viejo, no hay nada para cenar,
Que no sea la lata de atún, nada más,
Tiemblan tus manos caídas, destruidas,
Pero tu mente está fría,
Toda la vida trabajando, noche y día,
Pero si apenas pagaban,
¿Que guardar querías?
Y los papeles, malditos hijos de puta,
Se cierran en si mismos, parece que disfrutan,
Te hablan de cotizaciones,
Y te miras las manos, llenas de callos,
De romper terrones,
Y con paciencia masticas con las encías,
No tienes nada que den,
Para que no estén vacías,
Por suerte tu olfato, hace mucho que murió,
No recuerda la última vez que se duchó,
Y hace frio en la calle,
El frio de todos los días,
Que todo el mundo calle,
En la calle donde dormías,
Cazadora comida por las polillas,
Zapatos de pesadilla,
Calcetines con agujeros,
Calzoncillos tan ligeros,
Que llegan a las rodillas,
Y esos benditos cartones,
Defendiéndolos a empujones,
De los malditos rumanos,
Ya no quedan seres humanos,
Solo sombras huidizas,
Que en la penumbra se deslizan,
Ya todo es posible,
Son los nuevos invisibles,
Los que parieron España,
Y hoy duermen en la velada insana,
Sin resguardarse del viento,
Solo mirando, sin ningún movimiento,
Ese imposible horizonte,
Al que piden en la noche,
No despertar mañana.