Silencios Infinitos (Rima)

Silencios infinitos,
voces ya rendidas,
gritos tan malditos
de almas abatidas.
Senos de olas perdidas
en mares sin abrigo,
vidas malvividas
en rincones sin testigo,
tan cerca de tu morada,
seres abandonados,
perdidos en la nada
de humanos olvidados.
Nunca supo la gente
cómo fue que se perdió,
y el viento de occidente
sopla como sopló,
un vendaval violento
que la ropa se lleva,
que colgaba al momento
de una cuerda ya vieja.
Mentes tan dormidas
que al nacer ya murieron,
simios sin acogida
que en su vida no vivieron,
abortos de un destino
que no tiene compasión,
y en el país más mezquino
no hubo redención.
Locuras de dementes
cubiertos de sofocos,
de ancianas impacientes
que hacen lo que pocos.
Y en el campo el jornalero
entierra su tesoro,
sin saber si es sincero
o si fue un mal decoro.
El mundo está al revés,
hasta un ciego lo ve,
y en pañales los niños
corren con desaliño,
entre cañas y perros
que ya están sin aliento,
y el cura, en su encierro,
no siente el tormento.
La beata aún canta
con su voz tan vacía,
y su eco se levanta
por alcantarillas frías,
donde juegan chiquillas
con monstruos infantiles,
galantes sin orillas
de danzas tan febriles.
Todo es pura locura,
lo proclaman los curas,
y tal vez sea cierto
o solo un eco incierto,
de un demonio risueño
que montó este diseño.
Y ya nada importa,
así que cierra la puerta:
que no escape el alma,
ni siquiera el aire en calma.

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