{"id":4019,"date":"2024-02-23T15:48:23","date_gmt":"2024-02-23T15:48:23","guid":{"rendered":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=4019"},"modified":"2024-02-23T15:48:24","modified_gmt":"2024-02-23T15:48:24","slug":"la-muerte-de-don-rodrigo-de-vargas","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=4019","title":{"rendered":"La Muerte De Don Rodrigo De Vargas"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-top\" style=\"grid-template-columns:26% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img decoding=\"async\" width=\"150\" height=\"66\" data-src=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/la-muerte-de-don-rodrigo.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4020 size-full lazyload\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 150px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 150\/66;\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p>El domingo de la Sant\u00edsima Trinidad del a\u00f1o 1586 corr\u00edanse toros y ca\u00f1as en la calle de la F\u00e9ria, que ya hemos dicho era adornada para celebrar \u00e9stas fiestas, a que eran tan dados los caballeros cordobeses; entre los muchos que aquella tarde acudieron fu\u00e9 uno D. Fernando Paez Castillejo, due\u00f1o de la casa de los se\u00f1ores Trevilla en la plazuela de D. Ger\u00f3nimo P\u00e1ez; cerca del Portillo ve\u00eda el espect\u00e1culo un jovencillo, vestido de paje, por serlo del alf\u00e9rez mayor de la Ciudad D. Pedro de C\u00f3rdoba, de quien la maledicencia dec\u00eda ser hijo natural; cerca de \u00e9l revolvi\u00f3 su caballo D. Fernando, con tan poco tino que arroll\u00f3 al pajecillo Luna, que era como llamaban al j\u00f3ven, el que amostazado por haber servido de burla a los espectadores, cogi\u00f3 las riendas al caballo y pidi\u00f3 al jinete satisfacci\u00f3n de la ofensa; contest\u00f3sele como a un ni\u00f1o, y crey\u00e9ndose despreciado fuese a su casa, tom\u00f3 una espada y esper\u00f3 al caballero en el camino de la ya dicha plazuela: segunda vez sujet\u00f3 al caballo y desafi\u00f3 a D. Fernando de Paez; \u00e9ste despreci\u00f3lo de nuevo y neg\u00f3se a lidiar con \u00e9l; el paje, sin miramiento alguno, le di\u00f3 una estocada en el pecho que lo dej\u00f3 caer muerto sobre un mont\u00f3n de cal, donde el autor de los Casos raros asegura haberlo visto; acudi\u00f3 gente a recoger al muerto, que llevaron a su casa, y el paje ech\u00f3 a correr por la hoy calle del Horno del Cristo a la Catedral, a cuyo sagrado se acogi\u00f3.<br>En la casa de Paez todo era confusi\u00f3n y pena, sus parientes se reunieron y en uni\u00f3n de la justicia resolvieron ir en busca del agresor. Llegaron, en efecto, a la Catedral, encontr\u00e1ndolo sentado en la grada de uno de los altares, desde donde D. Rodrigo de Vargas, que iba delante, lo sac\u00f3 casi a la rastra: ya cerca de la puerta lo apsotr\u00f3 [sic] el paje, dici\u00e9ndole entre otras cosas, que era estra\u00f1o ver a un caballero de su clase ejercer el oficio de corchete con el que estaba bajo el amparo del templo, palabras que le valieron una bofetada tan grande que hizo brotar sangre de su boca; m\u00e1s lejos de desmayar el j\u00f3ven delincuente, jur\u00f3 a gritos que aquella ofensa hab\u00eda de costarle la vida, amenaza escuchada con desden, porque todos cre\u00edan que bien pronto tendr\u00eda que espiar en un cadalso el asesinato alevoso cometido en la persona del caballero Paez.<br>Tenemos al pajecillo Luna en la C\u00e1rcel, sita en la hoy calle de las Comedias [Vel\u00e1zquez Bosco], frente a la V\u00edrgen de los Faroles; el proceso continu\u00f3 su marcha apesar de las protestas del Cabildo eclesi\u00e1stico, por haber estra\u00eddo al preso del sagrado recinto de la Catedral; una sentencia de muerte fu\u00e9 el resultado, se\u00f1al\u00e1ndose el dia de su cumplimiento: di\u00f3se el consabido pregon de que nadie osase salir a la calle con armas; la horca se levant\u00f3 en la plaza y la hermandad de la Caridad y dem\u00e1s personal que en aquellos tiempos concurr\u00edan a estos actos, reuni\u00e9ronse a la puerta de la C\u00e1rcel, form\u00e1ndose la procesi\u00f3n, a la cual \u00e9sta vez se\u00f1alaron una carrera en estremo larga, dando la vuelta hasta San Pedro, calle de Almonas, San Andr\u00e9s a volver a bajar la Esparter\u00eda: el reo, subido en un jumento, iba dando muestras de contrici\u00f3n; las doce estaban para sonar cuando llegaban a donde hoy est\u00e1 el Arco alto, y las voces de perd\u00f3n empezaron a resonar entre la api\u00f1ada muchedumbre, \u00e1vida, como siempre, de presenciar \u00e9stos desagradables espect\u00e1culos: no era el perd\u00f3n lo que llegaba, la Chanciller\u00eda de Granada, atendiendo las reclamaciones del Cabildo, mandaba suspender la ejecuci\u00f3n; el pueblo en general, a quien interesaba el joven Luna, empez\u00f3 a dar voces de j\u00fabilo, en tanto que la mayor parte de la nobleza ve\u00eda con gran desagrado que no se vengaba tan pronto como debiera la muerte de un pariente y amigo, achacando este entorpecimiento a las grandes influencias del Alf\u00e9rez mayor D. Pedro de C\u00f3rdoba, a quien supon\u00edan padre del delincuente; \u00e9ste regres\u00f3 casi en triunfo a la Catedral, donde permanecer\u00eda en tanto que se decidiese la competencia; mas a las pocas noches desapareci\u00f3 de la Iglesia, ignor\u00e1ndose su paradero mucho tiempo, hasta que al fin se supo su marcha a Flandes, donde abrazando el ejercicio de las armas se elev\u00f3 por su valor y talento a la graduaci\u00f3n de capit\u00e1n.<br>Encargado el racionero Cort\u00e9s de la direcci\u00f3n de realizar la venganza que todos anhelaban, crey\u00f3 que nadie ser\u00eda tan a prop\u00f3sito como aqu\u00e9l que con gusto cumplir\u00eda su juramento de joven, y decidi\u00f3 escribirle una carta, a la cual contest\u00f3 que vendr\u00eda a C\u00f3rdoba a mediados de la pr\u00f3xima Cuaresma, oferta con exactitud cumplida, quedando escondido en la casa del Racionero.<br>Por este tiempo concedi\u00f3 el Papa un jubileo plen\u00edsimo que todos se apresuraron a hacer, y un D. Andr\u00e9s de la Cerda, amigo verdadero de D. Rodrigo, le aconsej\u00f3 aprovechara la ocasi\u00f3n de descargarse de tantas culpas como lo abrumaban; acogi\u00f3 con gusto el consejo, conviniendo en ir juntos a confesarse al dia siguiente a la iglesia de los Carmelitas; m\u00e1s aquella tarde, vi\u00e9ndolo bajar por la calle de Pedregosa [Blanco Belmonte], un negro esclavo del Racionero Cort\u00e9s, avis\u00f3 a \u00e9ste y bien pronto se coloc\u00f3 en la reja para hablarle; D. Rodrigo se par\u00f3 y dijo que al dia siguiente pensaba hacer el jubileo, de lo que fingi\u00f3 alegrarse el malicioso cura, rog\u00e1ndole que en celebridad de su arrepentimiento lo convidaba a la noche siguiente para hacer colaci\u00f3n juntos; acept\u00f3 Vargas y march\u00f3se tan descuidado, en tanto que su enemigo convoc\u00f3 a las personas contra \u00e9l confederadas para presenciar lo que all\u00ed hab\u00eda de suceder.<br>Cerda y D. Rodrigo hicieron su jubileo; el primero viv\u00eda cerca de la casa del Racionero y a ella se lleg\u00f3 el segundo antes de ir al convite, rog\u00e1ndole a su amigo, que lo esperaba en la puerta, que cambiase la capa por aquella noche, porque ten\u00eda necesidad de acudir a una cita despu\u00e9s de tomar la colaci\u00f3n y no quer\u00eda ser conocido; repugn\u00f3lo D. Andr\u00e9s de la Cerda, m\u00e1s al fin accedi\u00f3 al cambio y Vargas baj\u00f3 la calle, deteni\u00e9ndolo el racionero, que lo esperaba en su ventana; h\u00edzole entrar, pretestando hacerse tarde, y desde luego lo llev\u00f3 a una estancia en que estaba la mesa dispuesta, se\u00f1al\u00e1ndole como asiento el sillon que daba espalda a la puerta de otra habitaci\u00f3n, en la cual se habian escondido el capit\u00e1n Luna con todos los dem\u00e1s confederados contra aquel infeliz caballero; \u00e9ste, de buena f\u00e9, sent\u00f3se, y estando en jovial conversaci\u00f3n con D. Pedro Cort\u00e9s recibi\u00f3 un terrible golpe en la cabeza, asestado con un venablo, por el pajecillo, a quien apenas vi\u00f3, y que apesar de la carrera hecha no olvid\u00f3 el modo alevoso que ten\u00eda de quitar de enmedio a los que le estorbaban; D. Rodrigo di\u00f3 un terrible grito de \u201cme han muerto\u201d, que, aunque confusamente, oy\u00f3 desde su casa D. Andr\u00e9s de la Cerda; mas temeroso de que D. Rodrigo hubiese hecho alguna de sus haza\u00f1as, complic\u00e1ndolo a \u00e9l por el cambio de la capa, puso de testigos a sus criados de estar en su casa cuando oyeron la voz, y cerr\u00f3 su puerta para no intervenir en cosa alguna: un matrimonio habitante en la casa frente a la del racionero tambi\u00e9n oy\u00f3 el desaforado grito de la v\u00edctima, pero en su declaraci\u00f3n no pudo fijar el sitio de donde hab\u00eda salido.<br>Muerto D. Rodrigo, sus asesinos y algunos de sus parientes recogieron la sangre posible en un cubo y con ella fueron manchando muchas esquinas de las calles, y a\u00fan se a\u00f1ade, ser la idea se\u00f1alar las casas donde hab\u00edan sufrido alguna ofensa del muerto, como para significar estar vengada; el cad\u00e1ver fu\u00e9 envuelto en su capa; pusi\u00e9ronle los guantes, ci\u00f1\u00e9ronle su espada y con sigilo lo llevaron a la calle del Ba\u00f1o, hoy de C\u00e9spedes, dej\u00e1ndolo tendido contra la pared como si estuviese dormido, tanto que D. Pedro de Mesa declar\u00f3 luego que viniendo del campo con m\u00e1s de veinte amigos, vieron aquel hombre en el suelo y crey\u00e9ndolo embriagado siguieron su marcha comentando los efectos de semejante vicio.<\/p>\n\n\n\n<pre class=\"wp-block-code\"><code>La se\u00f1ora, ya viuda de Vargas, que a pesar de sus muchos desaciertos lo quer\u00eda con exceso, estuvo toda la noche esperando, y viendo por la ma\u00f1ana que a\u00fan no hab\u00eda aparecido, envi\u00f3, en cuanto amaneci\u00f3 a su criado a preguntar a D. Andr\u00e9s de la Cerda, quien le cont\u00f3 el cambio de la capa e indic\u00f3 el punto a donde sospechaba hubiese ido; sigui\u00f3 el criado sus pesquisas, encontr\u00e1ndose en la calle del Ba\u00f1o &#91;C\u00e9spedes] con el cad\u00e1ver, cuya vista le produjo tal impresi\u00f3n que empez\u00f3 a dar grandes gritos de quebranto, volviendose en busca de D. Andr\u00e9s, quien acudi\u00f3, y en uni\u00f3n de otros amigos y parientes resolvieron llevarlo a casa del primero, en tanto se preparaba a la desgraciada se\u00f1ora; h\u00edzose as\u00ed, y de all\u00ed sali\u00f3 tambi\u00e9n el entierro, al cual asistieron, para disimular, cuantos hab\u00edan intervenido en la muerte, menos el capit\u00e1n Luna, de quien la tradici\u00f3n no vuelve a ocuparse.\nD. Andr\u00e9s de la Cerda y otros parientes de D. Rodrigo pudieron descubrir c\u00f3mo sucedi\u00f3 la muerte de D. Rodrigo de Vargas, y dando cuenta a la Justicia, \u00e9sta dirigi\u00f3 sus actuaciones contra el racionero Cort\u00e9s, D. Juan de C\u00f3rdoba, D. Alonso de Aguilar, D. Alonso Cervantes y otros, sufriendo todos cuatro veces el tormento decretado por los Jueces pesquisidores mandados por el Rey para seguir esta causa; el \u00fanico que a fuerza de los dolores dijo alguna cosa fu\u00e9 el negro esclavo de D. Pedro Cort\u00e9s, el que un dia amaneci\u00f3 muerto en su calabozo; el ama o criada sufri\u00f3 nueve veces el tormento, quedando coja y manca, pero sin pronunciar una palabra que diese el menor indicio, por lo que su amo le se\u00f1al\u00f3 despu\u00e9s una pensi\u00f3n vitalicia; a Cervantes lo maltrataron tambi\u00e9n mucho, porque dentro de un bollo le encontraron un papel en que le aconsejaban sufrir y callar; por \u00faltimo, el Racionero fu\u00e9 reclamado de Roma y los otros de Madrid, donde permanecieron muchos a\u00f1os, y al cabo todos quedaron libres, siendo recibidos en C\u00f3rdoba con grandes muestras de j\u00fabilo, pues si infame era el cr\u00edmen, no eran menos los muchos que se le imputaban al D. Rodrigo.<\/code><\/pre>\n<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"inspiro_hide_title":false,"footnotes":""},"class_list":["post-4019","page","type-page","status-publish","hentry"],"featured_media_urls":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/4019","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4019"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/4019\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4021,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/4019\/revisions\/4021"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4019"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}