{"id":4016,"date":"2024-02-23T15:46:11","date_gmt":"2024-02-23T15:46:11","guid":{"rendered":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=4016"},"modified":"2024-02-23T15:46:12","modified_gmt":"2024-02-23T15:46:12","slug":"los-siete-infantes-de-lara","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=4016","title":{"rendered":"Los Siete Infantes de Lara"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-top\" style=\"grid-template-columns:15% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img decoding=\"async\" width=\"100\" height=\"150\" data-src=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/los-7-infantes.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4017 size-full lazyload\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 100px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 100\/150;\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p>Los siete Conde [sic] de Lara, que as\u00ed debe decirse, porque en aquel tiempo no exist\u00edan infantes en Castilla, a no ser que le diesen este dictado en lugar de el de j\u00f3venes y como en elogio de su valor y gentileza, eran hijos de Gustios Gonzalez, uno de los m\u00e1s poderosos h\u00e9roes de su siglo, y como tal respetado de propios y muy temido de sus adversarios: aquellos bizarros caballeros acudieron a Burgos a presenciar las bodas de su primo D. Ruy Velazquez, se\u00f1or de Barbadillo y de Lara, con D\u00aa. Lambra, y a tomar parte en las fiestas con tal motivo preparadas; entre estas, verific\u00f3se un torneo en que dicha se\u00f1ora hab\u00eda de otorgar diferentes premios, teniendo deseo de que fuera el primero su primo Albar S\u00e1nchez, que toc\u00e1ndole la desgracia de luchar con Gonzalo Gonz\u00e1lez, el menor de los Laras, fu\u00e9 derribado en tierra, oyendo rabioso los aplausos y elogios que a su contrincante le prodigaron; de esto resultaron primero indirectas e insultos y despu\u00e9s otras palabras, que a no ser por la mediaci\u00f3n de otros caballeros, la lucha hubiera tomado otro car\u00e1cter y tal vez ocasionado la muerte de alguno de tan briosos adalides; sin embargo fu\u00e9 lo bastante no s\u00f3lo para que la orgullosa D\u00aa. Lambra se retirase del lugar se\u00f1alado para presenciar la fiesta, sino siguiese meditando el da\u00f1o que pudiera hacer al vencedor de su primo, que m\u00e1s que \u00e9ste, prendado de sus grandes encantos, hubiera querido agradarla con el triunfo conseguido. Ruy Vel\u00e1zquez dispuso a los dos d\u00edas marchar a Barbadillo, y todos resolvieron acompa\u00f1ar a los reci\u00e9n casados, cre\u00eddos que a\u00fan habr\u00eda nuevas muestras de regocijos para celebrar la tornaboda; pero todos se equivocaron, dias de luto parec\u00edan m\u00e1s bien en el nuevo lugar, y los siete hermanos se iban a pasear s\u00f3los a las huertas, candados de una vida a que no pod\u00edan acomodarse: una tarde encontr\u00e1ronse con D\u00aa. Lambra; Gonzalo Gonz\u00e1lez procur\u00f3 desagraviarla con palabras cari\u00f1osas, y en las rencorosas miradas con que fu\u00e9 contestado, conoci\u00f3 el enojo de aqu\u00e9lla, y sigui\u00f3 el paseo con sus hermanos, sin darle la importancia que en s\u00ed ten\u00eda el rencor que hab\u00eda logrado inspirarla. Apenas se marcharon la dama llam\u00f3 a uno de sus pajes y mand\u00f3le, con grandes promesas de premio, que cortase de la huerta inmediata un cohombro y, moj\u00e1ndolo en sangre, lo arrojase al rostro de Gonzalo sin temor de ser ofendido, puesto que ella lo salvar\u00eda acogi\u00e9ndolo bajo su amparo: no le pareci\u00f3 al paje estar muy garantido con la oferta; m\u00e1s, cegado por el pago de tal haza\u00f1a, h\u00edzolo como se lo encargaron, manchando de sangre el rostro del menor de los Laras; \u00e9ste, estallando en ira, corri\u00f3 tras \u00e9l, sus hermanos lo siguieron y al fin alcanzaron al paje cuando se escond\u00eda detr\u00e1s de D\u00aa. Lambra, cuyo traje de rica y blanca seda qued\u00f3 manchado con la sangre de aquel infel\u00edz, a quien no le vali\u00f3 para salvarse el sagrado a que se acog\u00eda.<br>Los gritos de la se\u00f1ora atrajeron a su esposo y dem\u00e1s caballeros, y nuevas desgracias hubieran ocurrido sin la mediaci\u00f3n de los \u00faltimos, para lograr la paz que consiguieron no con poco trabajo y reflexiones a Ruy Vel\u00e1zquez, quien necesitando el apoyo de sus primos, fingi\u00f3 aplacarse, si bien jur\u00f3 a Do\u00f1a Lambra, que obtendr\u00eda venganza de la ofensa que le hab\u00edan inferido.<br>Pasaron algunos meses: por aquel tiempo la voluntad de Almanzor s\u00f3lo imperaba en el reino de C\u00f3rdoba, sujeto como ten\u00eda a ella la del rey, que encerrado en el alc\u00e1zar apenas sab\u00eda lo que a su alrededor pasaba. Ruy Vel\u00e1zquez pens\u00f3 llegado el momento de empezar su venganza, eligiendo para principiarla a Gustios Gonz\u00e1lez, padre de los siete condes: ponder\u00f3le la necesidad de venir a esta ciudad con una misi\u00f3n reservada, entregando a la vez un pliego cerrado cuya contestaci\u00f3n le entregar\u00eda Almanzor: el noble castellano crey\u00f3 ser \u00fatil a su patria aceptando tan honrosa misi\u00f3n y no titube\u00f3 en emprender la marcha, ansioso de cumplir con la lealtad tantas veces demostrada: a los seis u ocho d\u00edas lleg\u00f3 a las puertas de C\u00f3rdoba, que le fueron franqueadas, y a la presencia de Almanzor, que al leer el pliego lanz\u00f3 un grito de ira, mostando [sic] a la vez a Gustios la orden de muerte que con tan noble inocencia hab\u00eda tra\u00eddo hasta sus manos: aquel \u00e1rabe era valiente, y como tal, digno y generoso; su primer impulso fu\u00e9 dejar marchar libre a Gustios; mas conociendo a la vez lo conveniente que le era inutilizar un guerrero tan poderoso, se decidi\u00f3 a tenerlo prisionero, encargando a sus guardias lo condujeran a una de las torres m\u00e1s seguras, donde aqu\u00e9l desgraciado qued\u00f3 lamentando la infamia de Ruy Velazquez, sin poderla comunicar a sus hijos para que tomasen la merecida venganza. Aquel infame, queriendo achacar a Almanzor lo sucedido, deplor\u00f3 con los siete Laras la ausencia de su padre, y jur\u00f3les que pondr\u00eda en sus manos el rescate.<br>Cuatro mil infantes y seiscientos jinetes a las \u00f3rdenes de Ruy Velazquez emprendieron el camino de C\u00f3rdoba, ansiosos de nuevas conquistas y de vengar la supuesta muerte de Gustios Gonz\u00e1lez; sus hijos son los primeros en correr, arrostrando cuantos peligros se opusieran, esperanzados en ser ellos mismos los que lograran hab\u00e9rselas con el valiente Almanzor: tras varios d\u00edas de marcha llegaron al castillo de Albacar [El Vacar], del que f\u00e1cilmente se hicieron due\u00f1os: all\u00ed Ruy Velazquez, pretestando la necesidad de reunir m\u00e1s gente, se volvi\u00f3 a Castilla, encargando la custodia de dicha fortaleza a los siete Condes de Lara, con escaso n\u00famero de infantes y jinetes, ofreci\u00e9ndoles tornar en seguida y mand\u00e1ndole recoger las mieses de aquellos alrededores abandonados por los \u00e1rabes. Despu\u00e9s, con un secreto aviso, dijo a Almanzor la escasa fuerza all\u00ed acantonada, y este caudillo no tard\u00f3 en enviar un poderoso ej\u00e9rcito que, despu\u00e9s de tres d\u00edas de un sangriento combate, logr\u00f3 aprisionar a muchos de aquellos valientes, y despu\u00e9s de morir lidiando tres y de matar ya rendidos por falta de fuerza los otros cuatro, cortaron las cabezas a los siete, llev\u00e1ndolas clavadas en picas a C\u00f3rdoba como se\u00f1al del triunfo conseguido contra los cristianos.<br>Gustios Gonz\u00e1lez, a quien dejaban subir a respirar el aire a lo alto de la torre que le serv\u00eda de prision, oy\u00f3 un dia los gritos de victoria dados por la gozosa muchedumbre y volviendo la vista alcanz\u00f3 a divisar los varios castellanos que iban en clase de prisioneros rodeados de las guardias de Almanzor; diversas reflexiones acud\u00edan a su mente sobre lo que hab\u00eda ocurrido, y cuando segu\u00eda mirando lo que detr\u00e1s ven\u00eda un grito aterrador sali\u00f3 de su boca, cayendo de espaldas y falto de sentidos: Gustios hab\u00eda conocido a sus siete hijos en las cabezas que en son de triunfo ven\u00edan sobre las lanzas de aquella turba de forajidos. Avisado Almanzor de lo ocurrido corri\u00f3 al socorro de tan desventurado padre; h\u00edzolo cuidar como si fuera a s\u00ed mismo, y cuando crey\u00f3lo un tanto repuesto de aquel espantoso dolor dej\u00f3le volver libre a Castilla, donde muri\u00f3 sin conseguir la venganza con que dia y noche acariciaba su pensamiento.<br>Gustios Gonz\u00e1lez, aunque entrado en a\u00f1os, era de presencia tan gallarda, revelaba tal nobleza e inspiraba tales simpat\u00edas que era imposible tratarlo y no quererlo: una hermana de Almanzor, llevada primero de la compasi\u00f3n que el estado del caballero cristiano le inspiraba, y seducida despu\u00e9s por una fogosa pasi\u00f3n que lleg\u00f3 a apoderarse de ella, mantuvo amorosas relaciones y qued\u00f3 encinta al ser puesto en libertad y regresar a Castilla. Pasaron algunos meses en silencioso secreto; pero no si\u00e9ndole posible ocultar m\u00e1s tiempo su estado, arroj\u00f3se a los pi\u00e9s del Amir, su hermano, a quien revel\u00f3 todo cuanto con Gustios hab\u00eda sucedido: Almanzor la perdon\u00f3 y educ\u00f3 al hijo que los leyendistas conocen por Mudarra, y que parec\u00eda como destinado por el cielo para vengar las infamias cometidas con su padre y sus hermanos. El ni\u00f1o se hizo hombre; la mezcla de la sangre de los Laras con la del m\u00e1s valiente de los caudillos \u00e1rabes parec\u00eda haber centuplicado su valor y gentileza: Mudarra corri\u00f3 a Castilla, ret\u00f3 al infame Ruy Vel\u00e1zquez, y con la muerte de \u00e9ste y de su esposa D\u00aa. Lambra cumpli\u00f3 la venganza a que parec\u00eda llamado.<br>El vulgo ha localizado \u00e9sta leyenda tradicional en la casa n\u00famero 3 de la calle de las Cabezas, t\u00edtulo referente a las de los siete Conde de Lara, y queriendo hacer a\u00fan m\u00e1s novelesco el argumento, dicen algunos escritores que aqu\u00e9llas fueron presentadas a Gustios Gonz\u00e1lez en una bandeja, porque Almanzor quiso as\u00ed satisfacer uno de los caprichos de su favorita: todav\u00eda se ha llevado y lleva su credulidad a m\u00e1s exageraci\u00f3n; entre las casas n\u00fameros 10 y 12, hay una calleja cerrada al p\u00fablico a mediados del siglo XVIII, a petici\u00f3n de los propietarios colindantes; \u00e9sta calleja se llamaba de los Arquillos, porque en su estrechez tiene siete arquitos que sujetan las paredes; pues bi\u00e9n, aqu\u00ed dicen que estuvieron colgadas las siete cabezas hasta que se cayeron a pedazos. \u00bfPuede darse mayor absurdo?<br>Esta preciosa tradici\u00f3n ha dado origen a muchos romances y leyendas; pero entre todas se distingue la que con el t\u00edtulo de El moro exp\u00f3sito escribi\u00f3 nuestro inolvidable amigo y paisano D. Angel de Saavedra, Duque de Rivas, uno de los primeros poetas espa\u00f1oles del siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n<p>Paseos por C\u00f3rdoba.<\/p>\n<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los siete Conde [sic] de Lara, que as\u00ed debe decirse, porque en aquel tiempo no exist\u00edan infantes en Castilla, a no ser que le diesen este dictado en lugar de el de j\u00f3venes y como en elogio de su valor y gentileza, eran hijos de Gustios Gonzalez, uno de los m\u00e1s poderosos h\u00e9roes de su &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=4016\" class=\"more-link\">Leer m\u00e1s<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLos Siete Infantes de Lara\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"inspiro_hide_title":false,"footnotes":""},"class_list":["post-4016","page","type-page","status-publish","hentry"],"featured_media_urls":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/4016","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4016"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/4016\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4018,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/4016\/revisions\/4018"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4016"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}