{"id":3994,"date":"2024-02-23T15:23:44","date_gmt":"2024-02-23T15:23:44","guid":{"rendered":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3994"},"modified":"2024-02-23T15:23:45","modified_gmt":"2024-02-23T15:23:45","slug":"el-miserable-anton-de-juarez","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3994","title":{"rendered":"El Miserable Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-top\" style=\"grid-template-columns:21% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img decoding=\"async\" width=\"150\" height=\"125\" data-src=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/el-miserable-anton.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-3995 size-full lazyload\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 150px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 150\/125;\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p>H\u00e1 cerca de cinco siglos, viv\u00eda en esta ciudad un caballero de una fortuna considerable, que entre sus muchas fincas contaba \u00e9sta, la llamada de Juarez,pues llam\u00e1base Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez y era muy estimado de todos, porque hab\u00eda tenido habilidad para adquirirse la fama de honrado y condescendiente, aunque era infundada, porque, bajo aquel aparente bondadoso, lat\u00eda un coraz\u00f3n deprabado y miserable. Su esposa era un dechado de virtudes: enferma \u00e1 causa de unos flujos que la habian debilitado, perdi\u00f3 la hermosura de su juventud, y solo las huellas de sus padecimientos se ve\u00edan en su amarillo semblante.<br>Ju\u00e1rez iba al templo diariamente; se acompa\u00f1aba con los mas respetables padres de la Merced y San Pablo; pero \u00e1 espaldas de ellos, traia ciertos tratos y manejos con un compadre suyo, que viv\u00eda en el barrio de Santa Marina y que, por cierto, sus antecedentes no eran los mas honrosos. Con \u00e9l moraba una joven bastante bella, de quien Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez estaba ciegamente enamorado. Con este motivo, su virtuosa esposa le inspiraba hast\u00edo, y el amor que antes la profesaba, pas\u00f3 \u00e1 ser indiferencia, despu\u00e9s desprecio, y por \u00faltimo odio: ella, por el contrario, redoblaba sus afanes por reconquistar su perdido cari\u00f1o, sin lograr que su esposo la compadeciese, siquiera por desvanecer las sospechas que su despego la iba inspirando. Obsecado en su brutal pasi\u00f3n, sin atender \u00e1 los impulsos de su conciencia y s\u00ed al capricho, llevado adem\u00e1s por los malos consejos de aquella mujer que le vend\u00eda su recato y su reputaci\u00f3n, cercen\u00e1ndole su fortuna y bienestar en cambio de los mas ef\u00edmeros y pasajeros goces, Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez concibi\u00f3 uno de esos pensamientos que nos lanzan ciegos en el camino del crimen.<br>Lleg\u00f3 la primavera, esa estaci\u00f3n en que la naturaleza quiere lucir sus galas, cubriendo los \u00e1rboles de ese brillante verde que arropa el fruto de sus brotes; en que el campo se cubre de morados lirios y blancas azucenas; en que los arroyos parecen mas puros y cristalinos, y en que las aves gorgean con mas dulzura y sentimiento. Esa estaci\u00f3n, que en C\u00f3rdoba parece haber cimentado su trono, porque aqu\u00ed como en ninguna parte, se nos muestra con toda su lozan\u00eda, estasiando la vista con sus encantos y purificando el viento con los aromas que exhalan sus prados de rosales, sus bosques de naranjos y limoneros.<br>La infeliz esposa de Ju\u00e1rez creia hallar alivio \u00e1 sus padeceres en aquella estaci\u00f3n privilegiada, y ansiaba pasar algunos dias en la casita que desde este sitio divisamos. Su esposo no puso inconveniente \u00e1 esta justa y sencilla pretensi\u00f3n, y esto la hizo recobrar una lisonjera esperanza.<br>Al campo, se dijo en la casa, y todos dieron muestras de o\u00edr estas palabras con la mayor alegr\u00eda: hici\u00e9ronse los preparativos y al dia siguiente los esposos ocupaban su casa de recreo, donde diariamente eran visitados por los padres Mercenarios que hasta ella alargaban sus paseos, y que, bajo la frondosa copa de alg\u00fan hermoso naranjo, en cuyo oscuro verdor resaltaban los blancos ramos de azahar, eran obsequiados con los mas suculentos manjares, entre ellos el recien importado chocolate, que tanto se ha generalizado.<br>Pocos dias trascurrieron: Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez dispuso una romer\u00eda con su compadre y otros amigos; su esposa crey\u00f3 encontrar una ocasi\u00f3n de complacerlo y, afanosa, prepar\u00f3 cuanto aquel pod\u00eda necesitar para la escursion \u00e1 la sierra: qued\u00f3se, pues, sola con sus hijos, sus criadas y los hombres que cultivaban la hacienda. Solo encontraba desamor en su esposo y, sin embargo, su ausencia la inquietaba: \u00a1el coraz\u00f3n siempre es ni\u00f1o; desgraciado el que no d\u00e1 entrada en \u00e9l mas que \u00e1 la inocencia!<br>Algunos dias pasaron desde la marcha de Ju\u00e1rez: una noche, el cielo se cubri\u00f3 de densas nubes y los rel\u00e1mpagos desped\u00edan su rojiza claridad por detr\u00e1s de los mas altos cerros de Sierra Morena: conforme avanzaba la noche, la tormenta se hac\u00eda sentir con mayor intensidad: las doce sonaban en el reloj del colegio de los Jesu\u00edtas, cuando la tierra retemblaba con el fragor de los truenos, y las espesas y continuas exhalaciones causadas por los rel\u00e1mpagos, parec\u00edan amagar \u00e1 C\u00f3rdoba y sus alrededores \u00e1 ser v\u00edctimas de las llamas.<br>Por ese camino que dirije al molino de Sansue\u00f1a, bajaba un hombre \u00e1 caballo, con tal celeridad, que parec\u00eda desafiar los desenfrenados elementos: al llegar \u00e1 este arroyo, que iba aumentando su corriente con los aguaceros que se desprend\u00edan de las oscuras y api\u00f1adas nubes, se baj\u00f3 de su corcel y, despu\u00e9s de atarlo fuertemente \u00e1 uno de los olivos, salt\u00f3 la cerca de la posesi\u00f3n de Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez: lleg\u00f3 \u00e1 una puerta de la casa, y aun cuando dos enormes mastines salieron al punto \u00e1 su encuentro como fieles guardadores de aquel recinto, la presencia de aquel hombre solo, les produjo un efecto de alegr\u00eda, pues movieron sus largas colas como en se\u00f1al de cari\u00f1oso respeto.<br>Una llave preparada al efecto le dio entrada por la puerta de la casa de campo, siguiendo sus pausados pasos hasta llegar \u00e1 la habitaci\u00f3n en que reposaba la esposa de Ju\u00e1rez, alumbrada por una luz colocada ante una imagen del Arc\u00e1ngel San Rafael, \u00e1 quien todos los cordobeses acuden presurosos en los momentos en que se ven amagados de la c\u00f3lera celeste. Entonces sac\u00f3 una daga, \u00e1 la cual hab\u00eda quebrado la empu\u00f1adura, y la introdujo en el cuerpo de aquella desgraciada, de manera que su muerte pudiera atribuirse \u00e1 la enfermedad que ya hemos dicho padec\u00eda: al dolor volvi\u00f3 de su sue\u00f1o, y un grito de amargura ahog\u00f3 en sus labios una mano que se pos\u00f3 en ellos con las fuerzas de un gigante: cualquiera que hubiese estado cerca, tal vez percibir\u00eda estas palabras: &#8211; \u00a1Ju\u00e1rez! \u00a1mi esposo! \u00a1Dios mi\u00f3!\u2026. yo lo perdono!<br>El sonido aterrador del trueno, se dej\u00f3 o\u00edr mas potente en aquel momento: las nubes lanzaban el agua \u00e1 torrentes y los rel\u00e1mpagos se multiplicaban iluminando todos los alrededores: varias exhalaciones descendieron sobre esa posesi\u00f3n, y la casa de campo y almiares principiaron \u00e1 lanzar grandes llamaradas. Aquella casa donde pocos momentos antes reinaba la mas envidiable paz, presentaba un espect\u00e1culo espantoso: por entre las llamas sali\u00f3 un hombre; quien \u00e1 la luz de los rel\u00e1mpagos y del incendio hubiera divisado su semblante, se habr\u00eda horrorizado, viendo en \u00e9l retratado el crimen, la desesperaci\u00f3n, la maldad: al fin, lleg\u00f3 \u00e1 la cerca; este arroyo tan puro y cristalino en los dias de calma, hab\u00eda convertido su dulce y melodioso murmullo, en el sublime rugido de un torrente. Ju\u00e1rez, \u00e1 quien ya habr\u00e1n ustedes conocido, vacil\u00f3 un momento, y sin temer que lo arrastrasen las aguas, lo salv\u00f3 \u00e1 nado, llegando al sitio donde dejara su caballo y que pugnaba aterrado por huir del \u00e1rbol que imped\u00eda su carrera: un momento despu\u00e9s iba con la velocidad de un rayo por el camino de la Somadilla.<br>A los ahullidos de los perros y \u00e1 los bramidos de las reses que, atadas \u00e1 los tinahones, no pod\u00edan huir de las llamas que amenazaban devorarlas, despertaron los operarios y mozos de la hacienda, y las palabras de \u00a1fuego! salvemos \u00e1 la se\u00f1ora! se dejaron oir en estos contornos. La se\u00f1ora de Ju\u00e1rez no exist\u00eda; su cad\u00e1ver, nadando en sangre, fu\u00e9 lo que encontraron aquellos fieles criados!<br>Al dia siguiente cundi\u00f3 por la ciudad la triste noticia de que la hacienda de Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez hab\u00eda sido devorada por un incendio, y que aquella virtuosa mujer, en quien todos veian el mas bien acabado modelo de virtudes, sobrecogida por el susto, hab\u00eda sido v\u00edctima de uno de los terribles flujos que padec\u00eda. Un criado corri\u00f3 \u00e1 llevar esta triste nueva al lugar donde estaba de monter\u00eda Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez, quien se apresur\u00f3 \u00e1 bajar \u00e1 C\u00f3rdoba, dando las mayores pruebas de dolor, que todos pretend\u00edan calmar con los religiosos consejos empleados generalmente en tan tristes circunstancias. Sin embargo, un primo de la v\u00edctima se absten\u00eda de dar consuelos, y no cesaba de hacer preguntas \u00e1 cuantos operarios y criados pasaron la noche en la hacienda; pero ocult\u00f3 sus recelos por no hallar el menor indicio que los aclarase, al par que tem\u00eda perder el favor de Ju\u00e1rez, \u00e1 quien era deudor de muchos y se\u00f1alados beneficios. Los funerales se celebraron con la mayor suntuosidad y el cad\u00e1ver fu\u00e9 depositado en un pante\u00f3n que la familia ten\u00eda en uno de los conventos de C\u00f3rdoba.<br>Poco \u00e1 poco fueron desapareciendo las muestras de dolor dadas por Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez: \u00e1 los dos a\u00f1os contrajo segundas nupcias con la mujer con quien ya dije antes manten\u00eda il\u00edcitos amores: todos los parientes huyeron de \u00e9l, quedando aislado con su nueva consorte que, al rev\u00e9s de la primera, lleg\u00f3 \u00e1 dominarlo hasta el punto de hacerle sufrir las mayores bajezas.<br>Diez a\u00f1os trascurrieron desde los sucesos que he referido; ya nadie se acordaba de ellos, cuando la Providencia, que ning\u00fan delito quiere dejar oculto y sin castigo, dispuso que una casualidad viniese \u00e1 descubrir tan inaudito crimen. Falleci\u00f3 otro individuo de la familia, y \u00e9ste, como era costumbre, dispuso llevar el cad\u00e1ver \u00e1 la misma b\u00f3veda en que yac\u00edan los restos de la esposa de Ju\u00e1rez: entran los sepultureros y algunos parientes, entre ellos el que sospechaba la infamia de aquel: para colocar el nuevo ata\u00fad, era preciso internar el de la infeliz se\u00f1ora, y h\u00e9 aqu\u00ed que al moverla se deshizo el esqueleto, apareciendo entre los fragmentos la hoja de una daga que todos reconocieron por haberla visto alguna vez en poder de Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez. Mir\u00e1ronse unos \u00e1 otros y, sin embargo, todos callaron: al dia siguiente tuvieron una reuni\u00f3n para ocuparse de un asunto sumamente delicado, en el que todos hab\u00edan concebido un mismo pensamiento: Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez, fu\u00e9 acusado \u00e1 la Justicia de C\u00f3rdoba como asesino de su desventurada esposa. Esta noticia tard\u00f3 muy poco en estenderse por toda la ciudad, dando p\u00e1bulo \u00e1 los curiosos y noticieros, para hacer mil diferentes comentarios.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Ju\u00e1rez, Ju\u00e1rez, estamos perdidos -entr\u00f3 diciendo en casa de aquel, el compadre que ya saben ustedes le serv\u00eda de consejero, y que por tanto no dejaba de tomar una parte muy activa en todos sus asuntos- al cabo de diez a\u00f1os han encontrado entre los restos de tu mujer, la daga que puso fin \u00e1 su existencia.<\/li>\n\n\n\n<li>Terrible casualidad! &#8211; contest\u00f3 Ant\u00f3n. &#8211; No importa, nadie me vio y yo no he de revelar este secreto.<\/li>\n\n\n\n<li>Que mal conoces el mundo! Ahora, as\u00ed que te vean entre cadenas, con los bienes confiscados, que nada esperan de t\u00ed, no faltar\u00e1 quien declare en contra tuya: entre los monteros no falta quien asegure que aquella noche no la pasaste con nosotros, que antes de amanecer volvistes muy azorado, y que al dia siguiente faltaba una daga de entre las armas, la cual debi\u00f3 haberse quebrado, porque la empu\u00f1adura fu\u00e9 encontrada despu\u00e9s hecha pedazos en el monte.<\/li>\n\n\n\n<li>Y qu\u00e9 haremos; la huida en estos momentos confirmar\u00eda las sospechas.<\/li>\n\n\n\n<li>M\u00e9tete en el lecho -continu\u00f3 el compadre- de esa manera saldremos del primer momento: despu\u00e9s iremos viendo la marcha de tu proceso, y obraremos seg\u00fan convenga. T\u00fa tienes confianza en tu m\u00e9dico: creo no desmentir\u00e1 tu padecimiento.<br>Aquella misma ma\u00f1ana se present\u00f3 en casa de Ju\u00e1rez el Corregidor de C\u00f3rdoba seguido de su cohorte de escribano, guardia y alguaciles. Ant\u00f3n los recibi\u00f3 en la habitaci\u00f3n en que ten\u00eda el lecho, y en el cual estaba fingiendo una aguda dolencia. Al saber el objeto de tan estra\u00f1a visita, demostr\u00f3 la mayor sorpresa, protestando contra tan terrible acusaci\u00f3n; sacando en apoyo de sus palabras, el grande amor que profesaba \u00e1 su primera esposa.<br>La presencia del m\u00e9dico, y la seguridad que dio del padecimiento de Ju\u00e1rez, lograron que el Corregidor lo dejase en su casa, con unos cuantos alguaciles que custodiasen su persona. Conforme el proceso iba tomando un giro desfavorable al enfermo, \u00e9ste se agravaba en su dolencia, hasta el estremo de disponer el m\u00e9dico que si al dia siguiente no se notaba alivio, fuese inmediatamente sacramentado. Con este parecer de persona tan entendida, los alguaciles se descuidaban, no ejerciendo con tanto celo la vigilancia encargada por el Corregidor. Aquella noche varios frailes franciscos entraron \u00e1 ver \u00e1 Ju\u00e1rez; poco despu\u00e9s salieron, quedando todo en calma: el enfermo parec\u00eda, seg\u00fan su esposa, no hallarse de la gravedad que la tarde anterior.<br>Aquella noche otra escena terrible vino a hacer mas horrorosa esta lamentable historia. Serian las doce, cuando de entre las cercas de la hacienda sali\u00f3 un hombre con tres caballos, dos preparados como para dos ginetes, y el otro con unos cofres y cajones, al parecer de mucho peso. Sent\u00f3se en este sitio, donde hoy est\u00e1 la cruz, y \u00e1 poco tiempo se present\u00f3 otro personage, vistiendo el h\u00e1bito de San Francisco.<br>-Estamos prontos? -pregunt\u00f3 el segundo-<\/li>\n\n\n\n<li>S\u00ed, todo est\u00e1 corriente.<\/li>\n\n\n\n<li>Vamos, pues; no perdamos tiempo.<\/li>\n\n\n\n<li>Espera; antes tenemos que hablar -dijo el primero, sin moverse del sitio en que estaba sentado.<\/li>\n\n\n\n<li>Lugar tenemos; ahora solo importa aprovechar la noche, \u00e1 fin de estar por la ma\u00f1ana en sitio seguro.<br>-No me. mover\u00e9 de este lugar sin que me hayas antes escuchado.<\/li>\n\n\n\n<li>Sea lo que quieras: di pronto.<\/li>\n\n\n\n<li>Bien sabes, Ant\u00f3n, que por t\u00ed abandono \u00e1 mi mujer y mis hijos, haci\u00e9ndome c\u00f3mplice de un crimen del cual t\u00fa solo debes responder. Esa caballer\u00eda est\u00e1 cargada de dinero y joyas de inapreciable valor; t\u00fa puedes vivir c\u00f3modamente en un pais estra\u00f1o, sin que nada te falte para tu felicidad: yo voy \u00e1 acompa\u00f1arte; pero antes quiero saber qu\u00e9 lugar voy \u00e1 ocupar \u00e1 tu lado, ya que pierdo mi tranquilidad y los goces del pa\u00eds donde he nacido y me he criarlo.<\/li>\n\n\n\n<li>Vivir\u00e1s \u00e1 mi lado, gozar\u00e1s lo que yo goce, ser\u00e1s mi hermano, pues contigo partir\u00e9 mi buena \u00f3 mala fortuna.<\/li>\n\n\n\n<li>Hu\u00e9lgome de la segunda parte de tu contestaci\u00f3n; pero, francamente, no me fio de t\u00ed.<\/li>\n\n\n\n<li>Miserable -esclam\u00f3 Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez, llev\u00e1ndose una mano \u00e1 la cintura.<\/li>\n\n\n\n<li>No hay que alterarse -sigui\u00f3 con calma su interlocutor- si tus palabras son verdaderas, lo mismo es partir la fortuna antes \u00f3 despu\u00e9s. Ahora dividimos el dinero y alhajas en dos partes iguales, y en seguida t\u00fa tomas el camino que gustes; yo elegir\u00e9 otro: ambos juraremos no descubrirnos.<\/li>\n\n\n\n<li>Es imposible, yo no puedo acceder \u00e1 esos descabellados planes.<\/li>\n\n\n\n<li>Tampoco yo puedo, ni quiero sujetarme \u00e1 ser tu criado toda mi vida; \u00e1 ser siempre el que obedezca, cuando estoy en el caso de ser quien mande.<br>-Y qu\u00e9 intentas?<\/li>\n\n\n\n<li>Vivir con entera independencia, \u00f3 entregarte \u00e1 la justicia si no accedes \u00e1 lo propuesto.<br>-Oh! no: bien me conoces para creer que he de dejarme burlar de esa manera.<\/li>\n\n\n\n<li>Repara, Ant\u00f3n, que ahora la lucha es igual; que no te presentas ante una d\u00e9bil mujer enferma y dormida, para arrancarle la vida impune y miserablemente.<br>-Bien est\u00e1: sea lo que quieras; toma lo que te se antoje.<br>Estas \u00faltimas palabras fueron pronunciadas con una especie de iron\u00eda que revelaba las peores intenciones: el compadre las comprendi\u00f3 perfectamente.<\/li>\n\n\n\n<li>Vamos los dos, &#8211; le dijo, dirigi\u00e9ndose al caballo cargado con el oro y las alhajas.<br>Ju\u00e1rez lo sigui\u00f3 y, cuando lo cre\u00eda descuidado, se lanz\u00f3 sobre \u00e9l con una daga, diciendole:- Muere, infame ladr\u00f3n; &#8211; pero, por muy veloz que quiso dar el golpe, no pudo sugetar \u00e1 su adversario, que se lanz\u00f3 sobre \u00e9l derrib\u00e1ndolo al suelo, y arranc\u00e1ndole el arma que ten\u00eda en la mano la hundi\u00f3 en su pecho, pronunciando con la mayor sangre fr\u00eda estas palabras: -Adivin\u00e9 tus pensamientos, miserable! no has querido partir conmigo tus riquezas; ahora yo las tomo todas.<br>Un hondo quejido turb\u00f3 por \u00faltimo el silencio que reinaba en este lugar. El compadre se repuso un poco, cal\u00f3 bien la capucha del h\u00e1bito en la cabeza del cad\u00e1ver y le coloc\u00f3 la daga en la mano derecha: en seguida subi\u00f3 en uno de los caballos y, tomando \u00e1 los otros del diestro, desapareci\u00f3 por el camino de la sierra.<br>Apenas la noche descorri\u00f3 su negro tupido vol\u00f3, dando paso \u00e1 la aurora que se presentaba ataviada con sus encantadoras galas, muchos trabajadores abandonaron sus miserables lechos para correr \u00e1 la sierra, donde esperaban hallar los medios conque atender \u00e1 su sustento y el de sus pobres familias: no es posible, atendida la superstici\u00f3n de aquellos tiempos, definir la impresi\u00f3n causada en todos, por el espect\u00e1culo que presentaba \u00e1 su vista el cad\u00e1ver de un religioso francisco con la daga en la mano: algunos tornaron horrorizados \u00e1 la ciudad, contando \u00e1 cuantos encontraban, el repugnante hallazgo que hab\u00edan tenido, no faltando quien llegase \u00e1 los conventos de aquel Orden, en averiguaci\u00f3n del nombre del suicida, tornando aun mas asombrados al saber que la comunidad estaba completa.<br>A poco lleg\u00f3 a este sitio el Corregidor de C\u00f3rdoba seguido de sus alguaciles, la hermandad de la Caridad con el objeto de recojer el cad\u00e1ver, varios padres de San Francisco ansiosos de aclarar aquella alarma que tanto interesaba al buen nombre de sus conventos, y por \u00faltimo, esa multitud de curiosos que acude \u00e1 todas partes donde creen hallar algo que los entretenga y d\u00e9 p\u00e1bulo \u00e1 sus exageradas conversaciones: los alguaciles no los dejaban acercarse al cad\u00e1ver, hasta tanto que fuese reconocido: quit\u00f3sele la capucha y todos se asombraron al reconocer \u00e1 Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez, \u00e1 quien el dia antes hab\u00edan mandado sacramentar los facultativos.<br>La opini\u00f3n general cambi\u00f3 de pronto: todos se olvidaron de los frailes franciscos, asegurando que Ju\u00e1rez hab\u00eda puesto fin \u00e1 su existencia, temeroso del castigo de su crimen; sin embargo, \u00e1 petici\u00f3n de ellos, estuvo el cad\u00e1ver expuesto al p\u00fablico en la plaza hasta la tarde de aquel dia. Mientras esto suced\u00eda en el campo, en la ciudad cundi\u00f3 la voz de que \u00c1nton de Ju\u00e1rez hab\u00eda burlado la vigilancia de la justicia.<br>Bien pronto se aclar\u00f3 este misterio, pues aunque nadie presum\u00eda otra causa de aquella muerte que el temor \u00e1 un castigo seguro, la viuda de Ju\u00e1rez manifest\u00f3 al Corregidor la fuga de su esposo, al cual acompa\u00f1aba el compadre, quien deb\u00eda tener el dinero y alhajas que se hab\u00edan llevado: esta declaraci\u00f3n y la falta y malos antecedentes del acusado, decidieron \u00e1 la justicia \u00e1 espedir requisitorias en su busca, las cuales tuvieron el resultado apetecido.<br>La pesada carga del caballo que llevaba el dinero y alhajas, le imped\u00eda marchar con la celeridad deseada: al fin lleg\u00f3 \u00e1 un pueblo de Estremadura, donde desgraciadamente lo conoc\u00edan por sus malos antecedentes, lo cual hizo estra\u00f1asen verlo con aquella carga y el caballo de Ju\u00e1rez bien ensillado y sin ginete. No tard\u00f3 en ser denunciado \u00e1 la justicia, quien lo detuvo, registr\u00e1ndole la carga y esplorando la procedencia de tanta riqueza, \u00e1 lo cual no pudo dar una satisfacci\u00f3n cumplida: entretanto llegaron las requisitorias de C\u00f3rdoba, a donde fue tra\u00eddo con los caballos y cargamento.<br>El proceso no tard\u00f3 en fallarse: aquel miserable fu\u00e9 sentenciado \u00e1 perder la cabeza en el mismo sitio en que nos hallamos, \u00f3 sea donde hab\u00eda ejecutado su crimen: aqu\u00ed, pocos d\u00edas despu\u00e9s, rod\u00f3 su cabeza bajo el hacha del verdugo.<br>La hermandad de la Caridad recogi\u00f3 el cad\u00e1ver para darle sepultura y, conforme \u00e1 las costumbres de aquellos tiempos, erigi\u00f3 esta cruz en memoria de tan lamentable suceso: los deudos y amigos de Ant\u00f3n de Ju\u00e1rez y de su primera esposa, colocaron esas otras dos que hay en el camino sobre la derecha de la hacienda que les perteneci\u00f3, y con la que despu\u00e9s uno de sus descendientes, fund\u00f3 una capellan\u00eda con la pensi\u00f3n de aplicar misas por el eterno descanso de aquella infortunada familia.<\/li>\n<\/ul>\n<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"inspiro_hide_title":false,"footnotes":""},"class_list":["post-3994","page","type-page","status-publish","hentry"],"featured_media_urls":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/3994","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3994"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/3994\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3996,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/3994\/revisions\/3996"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3994"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}