{"id":3979,"date":"2024-02-23T15:15:37","date_gmt":"2024-02-23T15:15:37","guid":{"rendered":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3979"},"modified":"2024-02-23T15:15:38","modified_gmt":"2024-02-23T15:15:38","slug":"la-mujer-de-la-tunica-negra","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3979","title":{"rendered":"La Mujer de la T\u00fanica Negra"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-top\" style=\"grid-template-columns:15% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img decoding=\"async\" width=\"234\" height=\"373\" data-src=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/la-mujer-de-la-tunica.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3980 size-full lazyload\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 234px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 234\/373;\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p>En el siglo XVII, hab\u00eda en C\u00f3rdoba un caballero muy dado \u00e1 las aventuras nocturnas, \u00e1 las que dedicaba casi todas las horas libres del indispensable descanso: su elemento eran las conquistas amorosas con los lances que ellas traen consigo, \u00e1 veces tan peligrosos. Una noche retir\u00e1base \u00e1 su casa, cuando cerca de las tres de la madrugada vio en la plaza de la Magdalena una dama con basquina y envuelta en un manto: requiri\u00f3la de amores, sin obtener contestaci\u00f3n alguna; mas invit\u00e1ndola \u00e1 entrar en su casa, all\u00ed muy cerca, hizo un signo afirmativo con la cabeza: siguieron juntos: los criados del caballero abrieron la puerta y ambos entraron hasta el aposento principal: la dama permanec\u00eda de pi\u00e9 sin descubrirse, y el caballero mand\u00f3 traer unos dulces que al punto fueron servidos en una hermosa bandeja de plata: invit\u00f3le \u00e1 tomar alguno, y entonces todos se sorprendieron viendo salir de bajo el manto una mano negra y completamente descarnada, \u00e1 cuyo contacto empez\u00f3 \u00e1 derretirse aquella. El gallardo mancebo no sabia que determinacion tomar; mas comprendiendo que el echarla solo de galante era lo mejor, se ofreci\u00f3 \u00e1 acompa\u00f1arla otra vez al punto donde fu\u00e9 hallada: as\u00ed lo hicieron, y otra vez en la plaza de la Magdalena la salud\u00f3 y volvi\u00f3se; violo la dama, y con una horrible voz, le dijo: \u00ab\u00a1\u00a1Qu\u00e9, te vas!!\u00bb echando tras \u00e9l \u00e1 largos pasos; el joven aceler\u00f3 el suyo, luego corri\u00f3, y viendo que el brazo que antes habia helado su sangre iba \u00e1 asirlo de un hombro, dio un grito y se arrodill\u00f3 ante el Santo Cristo de la calle de los Mu\u00f1ices, \u00e1 quien pidi\u00f3 amparo, y de \u00e9l lo obtuvo bien pronto; aquella sombra desapareci\u00f3: la luz del farolillo de la imagen alumbr\u00f3 toda la calle, y \u00e1 favor de ella el caballero penetr\u00f3 en su casa arrepentido de su pasada conducta, que desde aquel momento reform\u00f3, torn\u00e1ndose digno del aprecio de las personas honradas.<\/p>\n<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el siglo XVII, hab\u00eda en C\u00f3rdoba un caballero muy dado \u00e1 las aventuras nocturnas, \u00e1 las que dedicaba casi todas las horas libres del indispensable descanso: su elemento eran las conquistas amorosas con los lances que ellas traen consigo, \u00e1 veces tan peligrosos. 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