{"id":3976,"date":"2024-02-23T15:13:43","date_gmt":"2024-02-23T15:13:43","guid":{"rendered":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3976"},"modified":"2024-02-23T15:13:43","modified_gmt":"2024-02-23T15:13:43","slug":"la-dama-confinada","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3976","title":{"rendered":"La Dama Confinada"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-top\" style=\"grid-template-columns:24% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img decoding=\"async\" width=\"474\" height=\"488\" data-src=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/la-dama-confinada.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3977 size-full lazyload\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 474px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 474\/488;\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p>Uno de los prebendados de la Catedral, individuo de la aristocracia cordobesa, habia logrado cautivar la atencion de una hermosa joven perteneciente tambi\u00e9n \u00e1 una noble y honrada familia: seducida por los alhagos y ofrecimientos de aquel, y sin premeditar el paso que daba, abandon\u00f3 su casa y march\u00f3se \u00e1 la del Prebendado, donde estuvo seis \u00f3 siete a\u00f1os, durante los cuales dio \u00e1 luz cuatro hijos. Su vida no era la mas apacible: pasaba el tiempo encerrada en su habitaci\u00f3n, y ni era due\u00f1a de pasear la casa, porque su seductor la esclaviz\u00f3 hasta el punto de recogar la llave de su estancia; en este tiempo predicaba con frecuencia el Mtro. Avila, y un dia en que todos los de la casa, escepto ella, iban \u00e1 oirle, llam\u00f3 desde la ventana \u00e1 uno de los criados, rog\u00e1ndole hiciera por facilitarle el ir \u00e1 la iglesia, prometi\u00e9ndole volverse antes que su amo; neg\u00f3se al pronto, mas \u00e1 vista de un lindo anillo que le dio, trajo un manto y puso una escalera por la cual baj\u00f3 la joven, hasta sin zapatos, y se march\u00f3 \u00e1 la Catedral, cost\u00e1ndole gran trabajo colocarse frente al p\u00falpito. Subi\u00f3 \u00e1 \u00e9l aquel santo, que en tan alto grado poseia el don de la palabra, y como si la Providencia le hiciese adivinar la vida del Prebendado y su cautiva, fu\u00e9 tanto y tan aprop\u00f3sito lo que dijo, que al terminar entr\u00f3 en la sacrist\u00eda arroj\u00e1ndose \u00e1 sus pies, una desgraciada \u00e9 infeliz muger, en quien nuestros lectores f\u00e1cilmente reconocer\u00e1n \u00e1 la que viene siendo objeto de nuestra narraci\u00f3n. Anegada en l\u00e1grimas de dolor y arrepentimiento, se puso bajo su amparo, jur\u00e1ndole apartarse para siempre de la vida pasada y terminarla bajo su direccion caritativa: cari\u00f1osas y dulces palabras acogieron sus declaraciones, saliendo el Mtro. Avila acompa\u00f1ado de la joven hasta la casa de D.\u00aa Teresa Narvaez, donde con igual afecto fu\u00e9 recibido tan delicado dep\u00f3sito.<br>Cuando el Prebendado volvi\u00f3 \u00e1 su casa y abri\u00f3 la habitaci\u00f3n, encontr\u00e1ndose burlado, sali\u00f3 como un tigre, registr\u00f3 hasta el \u00faltimo departamento, pudiendo apenas preguntar, lleno de corage, por el paradero de la fugitiva, de que nadie le daba conocimiento. Sin resultado favorable, sali\u00f3 \u00e1 la calle, preguntando \u00e1 cuantos veia, hasta que al fin supo el respetable lugar deposito de su adorada. Bien pronto reuni\u00f3 \u00e1 sus criados y otros hombres y se dirigi\u00f3 \u00e1 casa de D.\u00aa Teresa Narvaez, resuelto \u00e1 sacar de grado \u00f3 por fuerza \u00e1 la muger que buscaba. S\u00fapolo dicha se\u00f1ora y en seguida avis\u00f3 al Mtro. Avila, quien puso en conocimiento del Corregidor cuanto ocurr\u00eda en el asunto, decidi\u00e9ndolo \u00e1 presentarse, como lo hizo: reprendi\u00f3le su conducta, amenaz\u00f3 \u00e1 los que le acompa\u00f1aban, y todos se retiraron, no sin jurar vengarse de lo ocurrido; mas aquella noche salieron de C\u00f3rdoba el venerable Padre y la joven, \u00e1 quienes el Corregidor acompa\u00f1\u00f3 hasta dos leguas de la ciudad.<br>Llegados \u00e1 Montilla, la Marquesa de Priego, cuyas virtudes eran tan conocidas, se hizo cargo de la joven, teni\u00e9ndola mucho tiempo en su casa, desoyendo las s\u00faplicas del Prebendado, quien, como su pariente, le rog\u00f3 se la entregase; desde all\u00ed pas\u00f3 \u00e1 Granada, y por \u00faltimo, curada por completo, volvi\u00f3 \u00e1 C\u00f3rdoba, donde vivi\u00f3 honradamente con el producto de cuatro mil ducados que le dieron el Arzobispo de Granada, el Marqu\u00e9s y Marquesa de Priego, y un caballero condolido de su situaci\u00f3n. Ya en C\u00f3rdoba, recogi\u00f3 sus cuatro hijos, dos hembras, que entraron religiosas en un convento de esta ciudad, y los otros dos varones, uno muri\u00f3 muy joven y el otro cas\u00f3, siendo modelo de hombres honrados. El Prebendado, aunque jam\u00e1s pudo ver \u00e1 su fugitiva, dio los dotes para el convento y un capital para el var\u00f3n al casarse.<\/p>\n<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los prebendados de la Catedral, individuo de la aristocracia cordobesa, habia logrado cautivar la atencion de una hermosa joven perteneciente tambi\u00e9n \u00e1 una noble y honrada familia: seducida por los alhagos y ofrecimientos de aquel, y sin premeditar el paso que daba, abandon\u00f3 su casa y march\u00f3se \u00e1 la del Prebendado, donde estuvo &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3976\" class=\"more-link\">Leer m\u00e1s<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa Dama Confinada\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"inspiro_hide_title":false,"footnotes":""},"class_list":["post-3976","page","type-page","status-publish","hentry"],"featured_media_urls":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/3976","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3976"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/3976\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3978,"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/3976\/revisions\/3978"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pedrocasiano.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3976"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}