{"id":3964,"date":"2024-02-23T15:04:52","date_gmt":"2024-02-23T15:04:52","guid":{"rendered":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3964"},"modified":"2024-03-02T12:22:12","modified_gmt":"2024-03-02T12:22:12","slug":"la-casa-de-los-cuernos-tercera-parte","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3964","title":{"rendered":"La Casa De Los Cuernos. Tercera Parte"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image alignleft size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" width=\"290\" height=\"403\" data-src=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/cuernos-4.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3965 lazyload\" style=\"--smush-placeholder-width: 290px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 290\/403;width:272px;height:auto\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Se despert\u00f3 como si le hubieran aplastado el cerebro con un martillo, rodeado de piernas, brazos y cosas m\u00e1s blandas de bellas muchachas, pues all\u00ed, como en todos lados, lo que no se puede mentar es lo que m\u00e1s se usa, y las putas, eran muchas y de bella factura, habilidosas en su trabajo y con la verg\u00fcenza justa para no salir desnudas a la calle, aunque en verano apeteciera.<br>Se visti\u00f3, y sali\u00f3 a desayunar, all\u00ed solo estaba el Tuerto, mirando con su solitario ojo el patio de caballer\u00edas, comenz\u00f3 a hablarle antes de verlo.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>\u00bfY crees que, por cambiarte de nombre, nadie te reconocer\u00e1?<br>-Eso espero, Tuerto, en otro caso, parientes de fantasmas, aparecer\u00e1n como si ellos tambi\u00e9n lo fueran.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfTan de maldad hicisteis en esta villa?<br>Mart\u00edn call\u00f3 un momento.<br>-Ni imaginarte puedes, noble, rico, loco, y ya sabes c\u00f3mo manejo los fierros. Mira los tejados, \u00a1pocas veces he saltado de uno a otro, con el cuchillo en la boca!, para rajar a otro, o, en cuantos he amanecido escondi\u00e9ndome del marido que adelanta sus regresos. Aqu\u00ed no llevaran mi apellido muchos hijos m\u00edos, pero que les hurgu\u00e9 y bien hurgado en el vientre las madres, seguro, as\u00ed que algunos, muchos de esos, salieron de m\u00ed, cosa, que por supuesto, me importa u bledo.<br>El Tuerto sonri\u00f3, lo cual ya era mucho.<br>-Quites de espada por la noche, Tuerto, duelos, de los de quedada y padrino, de los de esquina traicionera, de todo, o casi, pues siempre hay pecados nuevos por cometer, y a pesar de los que llevamos, seguro, que a\u00fan nos quedan asuntos nuevos que probar.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfCon que edad marchasteis Capit\u00e1n?<br>-Ni diecisiete, y era guapo y gal\u00e1n de bellas vestimentas y ademanes de se\u00f1orito, no como ahora, cubierto de cuero y fierros, con m\u00e1s trampas que el camino del infierno, la cara quemada y el alma m\u00e1s pintada de negro que el culo del diablo, pero \u00bfque se le va a hacer?, el Marqu\u00e9s, qued\u00f3 para perseguir indios en la selva, y no me quejo, que hemos echado buenos ratos.<br>El Tuerto lo mir\u00f3, esboz\u00f3 media sonrisa.<br>-Y malos, Capit\u00e1n, de los de querer volver a estar en el co\u00f1o de madre.<br>Mart\u00edn rio hasta escupir el agua que estaba bebiendo.<br>-Tuerto, cada vez que hablas, derrumbas un quicio.<br>El Tuerto no contest\u00f3, solo se qued\u00f3 mirando a los arrieros que preparaban las monturas, para el seguro viaje que emprender\u00edan.<br>-Tuerto, le orden\u00f3 el Capit\u00e1n, dile a cualquier de los nuestros que mande traer la cabeza de una vaca, de un toro de cuernos grandes, los m\u00e1s grandes que vea, un martillo y clavo grande de los de juntar vigas.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfQu\u00e9 os ronda la cabeza, Capit\u00e1n, que os temo como una vara verde?<br>-Dejar de una vez las cosas en su sitio.<br>-As\u00ed se har\u00e1, ni pregunto m\u00e1s, seguro como s\u00e9, que de lo que dec\u00eds, salen tajos como de batalla con herejes.<br>Era noche cerrada, no se ve\u00eda a un palmo, y Mart\u00edn, con precauci\u00f3n, movi\u00f3 la puerta. A la segunda tentada, se abri\u00f3, la puta de su cu\u00f1ada, hab\u00eda engrasado los goznes, sonri\u00f3, ser\u00eda barragana y guarra, pero no est\u00fapida.<br>Iba embozado, apenas si se le ve\u00edan los ojos, comprob\u00f3 que enfrente suya se ofrec\u00eda una escalera, se quit\u00f3 la espada y la coloc\u00f3 sobre las rodillas, pues era demasiado grande como para moverla en sitio tan estrecho, como el zagu\u00e1n en el que se hallaba, sac\u00f3, como por arte de magia un cuchillo de unos treinta cent\u00edmetros de hoja ancha, de los de revolver en tripa, afilado como si quisiera cortar el aire, y brillante como el alma de un santo, lo mir\u00f3 y sonri\u00f3, parec\u00eda inofensivo, cuando \u00e9l sab\u00eda la sangre que hab\u00eda hecho correr, y esper\u00f3, la paciencia, mal que llevada, era necesaria en su oficio, en cualesquiera de los menesteres, por muy superfluo que pareciera.<br>Oy\u00f3 el ruido de la puerta, m\u00ednimo, el instante de duda, pues se hab\u00eda abierto antes de lo esperado, el segundo empuj\u00f3n, pero al cabo, apareci\u00f3 una figura, que, al verlo, se coloc\u00f3 el brazo delante de la cara, tap\u00e1ndosela con la capa.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfQui\u00e9n sois, y que hac\u00e9is aqu\u00ed?<br>Mart\u00edn call\u00f3, sab\u00eda que la pausas y los nervios no eran buenos compa\u00f1eros.<br>-Esa misma pregunta os podr\u00eda hacer yo, caballerete, pues creo, que esta no es vuestra casi, ni la tierra que pis\u00e1is, vuestra hacienda.<br>-Voy donde me place, y donde soy invitado.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfA meter carne en caliente, aunque sea la de la mujer de otro?<br>El muchacho baj\u00f3 el brazo, buen gal\u00e1n, pens\u00f3 Mart\u00edn, y se record\u00f3 en tiempos pasados.<br>-Te doy la oportunidad de salir por donde has venido, con tus dos pies, si juras por San Rafael, y tus muertos, que tu boca callar\u00e1 para siempre, de otra forma, tus pingos me los llevo en la mano.<br>-Pero, tu, que no tienes el valor de ense\u00f1ar la cara, \u00bfsabes qui\u00e9n soy?<\/li>\n\n\n\n<li>Crist\u00f3bal de Burguillos y Mora, Conde de Santocristo, un mequetrefe, que se cree amo de la villa, y que pretende que los dem\u00e1s salten a su capricho.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfY vos ga\u00f1an, que ni huevos ten\u00e9is de ense\u00f1ar la cara?<br>-Solo un matarife, el que no puede dejaros entrar.<br>-Salgamos afuera y dirimamos esto, le espet\u00f3 el muchacho.<br>Mart\u00edn que hab\u00eda guardado el cuchillo, le coment\u00f3.<br>-Ni\u00f1o, d\u00e9jalo correr, adem\u00e1s aqu\u00ed nos podemos matar como en la m\u00e1s ancha de las plazas, no es el sitio, es el hombre.<br>-Raz\u00f3n ten\u00e9is, e hizo lo que Mart\u00edn esperaba, desenfund\u00f3 una espada de bella factura, pero antes de que pudiera subirla para atacar, Mart\u00edn la cogi\u00f3 por la empu\u00f1adura con una mano y por la taza con la otra, consiguiendo por su fuerza mayor, que la mu\u00f1eca se le doblara, oy\u00f3 como cruj\u00edan los huesos de la mano del chico, y lentamente, la punta cambio de direcci\u00f3n, el muchacho le mir\u00f3 con la sorpresa en la cara, mientras que Mart\u00edn sonre\u00eda.<br>-Cuidado que os est\u00e1is matando, le susurr\u00f3 al o\u00eddo, mientras clavaba la propia espada en la barriga del muchacho. Cuando la punta sali\u00f3 por la espalda, lo dej\u00f3 caer al suelo y se volvi\u00f3 a sentar en la gradilla de la escalera.<br>Este se qued\u00f3 apoyado en la puerta, sabiendo que se estaba muriendo.<br>-Confesi\u00f3n\u2026 confesi\u00f3n\u2026gem\u00eda entre susurros.<br>-Te voy a contar algo, para que te marches tranquilo, tu Dios, ning\u00fan Dios existe, pues si hubi\u00e9ralo, nunca permitir\u00eda que personas como yo continu\u00e1ramos en este mundo, ya solo me queda una pregunta, \u00bfprefer\u00eds una muerte lenta o que os corte el cuello?, porque de la muerte no os libra ni el Dios en que cre\u00e9is.<\/li>\n\n\n\n<li>Pero \u00bfqui\u00e9n sois, diablo?<br>-Mart\u00edn de Villarrios, hermano del que pretend\u00edais coronar.<br>-Mart\u00edn el proscrito, \u00bfpero estabais muerto?<br>-No, muchacho, el que est\u00e1 muerto eres t\u00fa, por si no te has dado cuenta, pero basta de charla que aburre, \u00bfcorto o largo?<br>El muchacho lo mir\u00f3 con ojos desencajados, de su boca sali\u00f3 un gemido m\u00e1s que una palabra.<br>-Corto\u2026<br>Mart\u00edn se levant\u00f3, asi\u00f3 la espadilla ancha, le movi\u00f3 la cara, lo mir\u00f3 a los ojos y le cort\u00f3 el cuello, con la habilidad del que lo ha hecho mil veces.<br>Despu\u00e9s le abri\u00f3 los calzones, y con seguridad del carnicero, le corto lo que colgaba, abri\u00f3 la puerta, y sac\u00f3 la mano, alguien se hizo cargo de las criadillas, despu\u00e9s, con esfuerzo, y manch\u00e1ndose de sangre como un matarife, cort\u00f3 la cabeza, que envolvi\u00f3 en la capa del muchacho, abri\u00f3 de nuevo la puerta, y sac\u00f3 lo que quedaba del cuerpo, que desapareci\u00f3 en la oscuridad.<br>Reli\u00f3 la cabeza en la capa del muchacho, lo que era una pena, pues su factura era impecable, pero\u2026<br>Abri\u00f3 la entreabierta puerta del dormitorio, all\u00ed, con los ojos como platos, le esperaba una belleza de las m\u00e1s esplendorosas que hab\u00eda contemplado, el canijo de su hermano ten\u00eda buen gusto. Se hallaba medio desnuda, y dejaba entrever un cuerpo magn\u00edfico, en una pose provocadora, con una cara de las que hacen que los hombres se vuelvan, aun sin quererlo.<br>Nada m\u00e1s comprobar que no se trataba de su gal\u00e1n, se coloc\u00f3 la ropa de la cama a la altura del cuello, como si eso pudiera protegerla de alguna forma.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfQui\u00e9n sois?, pregunt\u00f3 con la cara demudada.<br>-Desde luego, no el que esperabais, hoy vais a seguir hueca por dentro, pues nadie os meter\u00e1 nada en el cuerpo que no sea miedo.<br>Su cu\u00f1ada lo miraba con ojos como platos, sin acertar a decir nada.<br>-Creo que conoc\u00e9is a esto, y tir\u00f3 la cabeza del gal\u00e1n en la cama, la muchacha grito despavorida.<br>-Quien quiere meterse en terreno ajeno, es reo de mala fortuna, sea quien sea, por muchos apellidos que tenga detr\u00e1s del nombre de pila.<br>La mujer segu\u00eda con los ojos como palomo herido y de su boca, no amanec\u00eda palabra.<br>Mart\u00edn la mir\u00f3 durante un luengo rato, despu\u00e9s habl\u00f3 con calma.<br>-Os perdono, porque apenas si sois una ni\u00f1a, pero sabed que la honra de un hombre es su bien m\u00e1s preciado, y que el apellido lo defienden todos los que lo tienen, as\u00ed que el abrir las piernas a carne extra\u00f1a, puede conllevar a una red de venganzas y muertes de las cuales habr\u00e9is o\u00eddo hablar, \u00bfno es cierto?<br>La muchacha call\u00f3 un rato, despu\u00e9s asinti\u00f3 con la cabeza.<br>-Mirad bien la cabeza del que quer\u00eda estar dentro de vos, miradla bien, pues ser\u00e1 el destino de todo aquel que lo intente, pues Quint\u00edn de Villarrios no debe de ser mancillado, y menos su apellido, as\u00ed que reflexionad.<br>-Pero mi marido\u2026<br>-Se de calenturas, y tambi\u00e9n las solucionar\u00e9, pero mirad la cabeza, y despu\u00e9s\u2026 haced lo que os venga en gana y por supuesto ateneros a las consecuencias.<br>-Pero, mi se\u00f1or, la cabeza que aqu\u00ed hab\u00e9is dejado era de un gentil hombre de la villa, de los de m\u00e1s poder, \u00bfqu\u00e9 va a suceder?<br>-Eso dej\u00e1dmelo a m\u00ed, ese es mi problema.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfPod\u00e9is decirme quien sois?<br>-Solo os puedo responder con una pregunta, \u00bfquer\u00e9is saberlo, o prefer\u00eds seguir viva?<br>La muchacha, ya demudada por s\u00ed, quedo m\u00e1s blanca que la cera.<br>Mart\u00edn se dio la vuelta y march\u00f3 por donde hab\u00eda venido.<br>A la ma\u00f1ana siguiente una enorme cabeza de toro, mostraba en cada uno de sus cuernos, un test\u00edculo humano, mientras que de la boca le colgaba un pene, Mart\u00edn hab\u00eda mandado colocar a un par de muchachos para espantar a los cuervos y a los que intentaran quitarlo, de tal forma, que pronto, en toda la villa se supo de lo que hab\u00eda amanecido en la casa solariega de los Villarrios.<br>Sali\u00f3 la servidumbre a quitarla, pero los muchachos, desvergonzados como pocos, se liaron a pedradas con ellos, de tal forma que hasta que los justicias no aparecieron, d\u00edas despu\u00e9s, pues no era asunto urgente, que la cabeza qued\u00f3 colgada un buen tiempo.<br>A partir de aquel d\u00eda, ni un solo cuerno cay\u00f3 sobre el tejado de los Villarrios, pues los colgajos, a modo de advertencia, parec\u00edan suficiente amenaza, como para que nadie volviera a jug\u00e1rsela por una tonter\u00eda.<br>Quint\u00edn, no acertaba a colegir que hab\u00eda sucedido, su esposa, torn\u00f3se l\u00e1nguida, y miraba asustada a todos los lados, como si algo terrible hubiera sucedido y el no tuviera conocimiento, la cabeza de toro, con los desagradables colgajos, parec\u00eda exacta en el tiempo del cambio. Bien es cierto que las bromas hab\u00edan desaparecido, pero \u00bfde qui\u00e9n eran aquellos cercenados atributos?, el que no era tonto, sab\u00eda de la desaparici\u00f3n del hijo de uno de los Veinticuatro, y le ped\u00eda a los Santos que nada tuviera que ver con lo que colgaba de los cuernos de la calavera.<br>Andaba en noche cerrada cerca del P\u00f3sito de la Corredera, en las horas en que nadie debe de salir, pues de matones la villa revienta, cuando uno de ellos, de terrible catadura y enormidad humana se le acerc\u00f3, Quint\u00edn agarr\u00f3 el legajo que llevaba, listo para dar lo poco que portaba de val\u00eda, esperando que la cantidad fuera suficiente para que nada m\u00e1s pasara, y meti\u00e9ndose en la cabeza que si sal\u00eda a esas horas, lo hiciera con alguien de la servidumbre que supiera de dar palos, pues \u00e9l, lo \u00fanico que sab\u00eda, era recibirlos.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfSois Quint\u00edn de Villarrios?, le pregunt\u00f3 el hombr\u00f3n con voz de matarife.<br>Quint\u00edn lo mir\u00f3 con p\u00e1nico en los ojos.<br>-Si, lo soy, llevo pocos reales, pero\u2026<br>-No busco tu dinero, sino que me acompa\u00f1es, alguien quiere reunirse contigo.<br>Quint\u00edn pens\u00f3 en que lo secuestraban y que pedir\u00edan caudales por \u00e9l, lo cual no era cosa extra\u00f1a, o que el Veinticuatro, sospechara de el en la desaparici\u00f3n de su hijo, nada bueno en ambos casos.<br>Quint\u00edn, obediente, lo sigui\u00f3 hasta uno de los antros de peor fama de la villa, la Taberna de la Hoguera, pues all\u00ed cerca, la inquisici\u00f3n hacia los autos de fe, en los cuales, no en demas\u00eda, pero si con certeza, m\u00e1s de un desgraciado alcanzaba el cielo en forma de humo.<br>Entraron en un reservado, que ol\u00eda a or\u00edn, puta vieja y poco aseo, pero por lo menos continuaba con vida. Al entrar se fij\u00f3 con atenci\u00f3n, cinco rufianes m\u00e1s le esperaban, mir\u00f3 sus vestires, y sus acomodos y fierros, eran soldadesca de la mala, de la que mata por menos de lo que vale un jub\u00f3n de pobre, sinti\u00f3 que el alma se le ca\u00eda a los pies, no saldr\u00eda de all\u00ed.<br>Uno de los rufianes, de sombrero de ala ancha que imped\u00eda que se le viera el rostro, habl\u00f3 con una voz que parec\u00eda venir de dentro de la boca de un muerto.<br>-Quint\u00edn, \u00bfaun andas con legajos bajo el brazo?<br>La voz, era distinta, pero el timbre, el mismo, sinti\u00f3 como un pellizco en el coraz\u00f3n. No pod\u00eda ser.<br>-Si, Quint\u00edn, soy yo, el perro de tu hermano, el hombr\u00f3n se quit\u00f3 el sombrero y pudo ver a su hermano, pero m\u00e1s grande, m\u00e1s curtido, y con su mirada verde, pero que ahora surg\u00eda desde m\u00e1s adentro a\u00fan.<br>A pesar de todo, cuando la figura se levant\u00f3, segu\u00eda sac\u00e1ndole muchos palmos, ahora tambi\u00e9n de espalda, se abraz\u00f3 a ella.<br>-Bendito sea el Dios de los cielos, que te ha mantenido con vida, a ti, en tus aventuras y a m\u00ed para verlo.<br>Se abrazaron, Quint\u00edn pens\u00f3 que lo romper\u00eda, pues ahora Mart\u00edn abultaba el doble de lo que era cuando se march\u00f3, el segu\u00eda siendo el mismo alfe\u00f1ique.<br>-Si\u00e9ntate y comparte con tu viejo hermano un trago de vino.<br>Le acomodaron sitio y Quint\u00edn continu\u00f3 sin abrir la boca.<br>-Puedes hablar, hermano, le asegur\u00f3 Mart\u00edn, estos son mis perros, como yo soy el suyo, nada de lo que se diga aqu\u00ed, sale de boca de nadie.<br>Quint\u00edn mir\u00f3 a su alrededor, y la compa\u00f1a era para ponerle los pelos de punta al m\u00e1s bragado de los hombres del rey, el que no ten\u00eda un tajo, ten\u00eda una falta, y el que no, cara de haber comido demonios crudos, pero si su hermano lo dec\u00eda, ser\u00eda verdad, siempre hab\u00eda confiado en \u00e9l.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfQu\u00e9 ha sido de ti, Mart\u00edn?<br>-De todo, hermano, de todo, franceses, holandeses, italianos, ingleses, he matado todo lo que se pon\u00eda en mi camino, con la ayuda de mi compa\u00f1a, ahora, mato indios, que se me da bien, como has podido comprobar por los dineros que has recibido.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfEres hombre del rey?<br>-Soy el Capit\u00e1n Alonso Aguilar, comandante de mi propia tropa de quinientos hombres, que obedecen al rey cuando yo no digo lo contrario, quito y pongo corregidores, virreyes, y cuelgo a conquistadores, y sublevados, yo no soy la justicia del Rey, soy su verdugo, bien pagado, pero su verdugo, as\u00ed, que a partir de ahora soy tu primo, el Capit\u00e1n Alonso de Aguilar, y estos mis Alf\u00e9reces, que lo son de veras, pues matan casi tan bien como yo.<br>Quint\u00edn vio la sonrisa de la compa\u00f1a, y casi se lo hace encima.<br>-Bebamos, grit\u00f3 Mart\u00edn, que la ocasi\u00f3n lo requiere.<br>En apenas un instante, Quint\u00edn rellen\u00f3 el vaso tres veces, y el alcohol le hizo relajarse.<br>Mart\u00edn mir\u00f3 la mano de su hermano que buscaba algo, lo encontr\u00f3, y lo tir\u00f3 sobre la mesa, la pieza brillante, y dorada, rod\u00f3 hasta \u00e9l.<br>-C\u00f3gela y mira que es.<br>Quint\u00edn lo cogi\u00f3, era un anillo, mir\u00f3 el escudo y un escalofr\u00edo le recorri\u00f3 la espalda.<br>-Es\u2026<\/li>\n\n\n\n<li>Si, asinti\u00f3 Mart\u00edn, el escudo de los Burguillos, el que lo llevaba ya no le har\u00e1 falta, pues los peces del rio no comen oro.<br>-Pero\u2026<br>-Quint\u00edn, a los Villarrios nadie nos corona, ni tan siquiera tu querida esposa.<br>-Pero\u2026<br>-Y tanto, pero, Quint\u00edn, que tu mujer le gusta que le arreglen el cuerpo, y parece que t\u00fa no lo haces.<br>Quint\u00edn agach\u00f3 la cabeza, se hab\u00eda acostado con ella, la amaba con locura, pero bien cierto era que pocos gemidos hab\u00eda conseguido.<br>-Parece mentira Quint\u00edn, con la cabeza que Dios te ha dado, que en algunas cosas seas lerdo como topo en un charco.<br>Quint\u00edn agach\u00f3 la cabeza.<br>-Pero no te preocupes, que eso lo arreglo yo, \u00bfconf\u00edas en m\u00ed?<br>-Bien sabes, hermano, digo Capit\u00e1n, que eres el \u00fanico en quien lo hago.<br>-Bien, todo se arreglar\u00e1, no te preocupes.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfY los hombres de los Burguillos?, buscaran venganza, y ya conoces la villa, lo que no se sabe, se deduce, y lo que no, se inventa.<br>-D\u00e9jalo de mi cuenta, que he aprendido algunos trucos, haciendo trabajos para el diablo.<br>Aquella noche fue de vino en demas\u00eda, de tal forma que cuando lleg\u00f3 a su casa, ni escuch\u00f3 a nadie, dej\u00e1ndose caer en la cama borracho como una cuba, asombrando a cuantos sirvientes ten\u00eda, pues no era de tales costumbres.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se despert\u00f3 como si le hubieran aplastado el cerebro con un martillo, rodeado de piernas, brazos y cosas m\u00e1s blandas de bellas muchachas, pues all\u00ed, como en todos lados, lo que no se puede mentar es lo que m\u00e1s se usa, y las putas, eran muchas y de bella factura, habilidosas en su trabajo y &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3964\" class=\"more-link\">Leer m\u00e1s<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa Casa De Los Cuernos. 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