{"id":3729,"date":"2024-02-22T15:46:12","date_gmt":"2024-02-22T15:46:12","guid":{"rendered":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3729"},"modified":"2024-02-22T15:46:13","modified_gmt":"2024-02-22T15:46:13","slug":"crimen-sin-perdon","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=3729","title":{"rendered":"Crimen sin Perd\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-top\" style=\"grid-template-columns:32% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img decoding=\"async\" width=\"200\" height=\"300\" data-src=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/criemn-sin-perdon.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3730 size-full lazyload\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 200px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 200\/300;\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p>En el reinado de Felipe II, siendo Obispo de C\u00f3rdoba D. Leopoldo de Austria, hab\u00eda en esta dos hermanos de la familia de los Velascos, uno de los cuales estaba casado con una se\u00f1ora que no era tan igual que mereciera la aprobacion de aquella, si bien era muy buena y cristiana vieja, condicion indispensable para todo, en aquellos tiempos en que el orgullo de los nobles era ilimitado. Tuvieron dos hijos, \u00e1 quienes, ya hombres, su tio les critic\u00f3 el modo de cabalgar, por hacerlo mas \u00e1 la brida que \u00e1 la gineta, achac\u00e1ndolo \u00e1 resabio de la familia materna. Irrit\u00e1ronse con esto y otras cosas que ocurrieron, hasta el punto de concebir el prop\u00f3sito de cometer un asesinato en la primera ocasion que se les presentase, para lo cual tenian gente acechando al pobre viejo. Lleg\u00f3 el dia de San Bartolom\u00e9, 24 de Agosto : la cofrad\u00eda de esta advocacion en la iglesia del Alc\u00e1zar viejo, hizo una gran fiesta, seguida por la tarde con m\u00fasica y toros de cuerda, logrando llevar hacia aquel punto toda la gente aficionada \u00e1 los espect\u00e1culos gr\u00e1tis, entonces, como ahora, muy numerosa. Los hermanos Velascos, supieron que su tio hab\u00eda permanecido en su casa: dirigi\u00e9ronse \u00e1 ella, entraron de pronto, y arroj\u00e1ndose sobre \u00e9l con sus dagas en las manos, di\u00e9ronle de pu\u00f1aladas, apesar de su escasa defensa y de los gritos de su esposa demandando socorro \u00e1 los vecinos. Despues de una accion tan infame, con lo cual corroboraron el dicho de que no eran ni sab\u00edan ser caballeros, se escondieron en el convento de la Trinidad, de donde nadie pod\u00eda sacarlos para sufrir el castigo \u00e1 que eran tan merecedores. La infeliz viuda, se\u00f1ora de car\u00e1cter digno, se dirigi\u00f3 en queja \u00e1 Felipe II, quien mand\u00f3 un juez para continuar aquel proceso. Llegado \u00e1 C\u00f3rdoba, pas\u00f3 al convento de la Trinidad, y contra la oposicion de los religiosos, sac\u00f3 \u00e1 los reos, \u00e1 quienes puso en la c\u00e1rcel p\u00fablica, entonces en la calle llamada de las Comedias; mas, siendo uno de aquellos Comendador de la Orden de San Juan, lo remiti\u00f3 \u00e1 ella para su castigo, qued\u00e1ndose con el otro, llamado D. Alonso, \u00e1 quien sentenci\u00f3 \u00e1 ser degollado en los Marmolejos. La gallarda apostura del sentenciado, su juventud y el pertenecer \u00e1 una de las mas principales familias de C\u00f3rdoba, hizo \u00e1 todos interesarse en su suerte y acudir \u00e1 implorar de su tia el perdon, que pod\u00eda librarlo de la muerte; mas dicha se\u00f1ora se neg\u00f3 \u00e1 todo, mandando \u00e1 sus criados que nadie entrase en su casa hasta despues de ejecutada la sentencia. En este apuro, recurrieron al Obispo D. Leopoldo de Austria, quien se prest\u00f3 \u00e1 ir \u00e1 rogarle en su nombre y en el de toda la ciudad, perdonase \u00e1 D. Alonso. Recibi\u00f3lo, y despues de mil reflecciones y amorosos consejos, sin conseguir su objeto, el venerable Prelado se hinc\u00f3 de rodillas ante la se\u00f1ora, rog\u00e1ndole el perdon tan anhelado; mas todo en vano: la viuda solo dec\u00eda: \u00abMientras no me vuelvan \u00e1 mi esposo, que nada me pidan.\u00bb Viendo el Obispo que ni las s\u00faplicas ni ofrecimientos alcanzaban la menor compasion en aquella desesperada viuda, se retir\u00f3 \u00e1 su palacio, satisfecho de haber obrado como un buen sacerdote, dejando que la justicia ordinaria ejecutase la terrible sentencia. El juez tuvo noticia de que por algunos caballeros cordobeses se trataba de arrebatarle el reo, y public\u00f3 un bando mandando que, bajo pena de la vida, ninguno saliese de su casa hasta que estuviese cumplido su fallo. A las ocho de la ma\u00f1ana, montado en una enlutada mula y rodeado de religiosos de todas las \u00f3rdenes, sacaron \u00e1 D. Alonso Velasco de la c\u00e1rcel, llev\u00e1ndolo por las calles del Mes\u00f3n del Sol, Torrezneros, Plater\u00eda, Pescader\u00eda, Calceteros, Feria, Cuchilleros, Libreros y Marmolejos, donde estaba preparado el cadalzo; le hicieron subir tres gradas, y ante un numeroso concurso le cortaron la cabeza, causando tal impresion, que la gente principi\u00f3 \u00e1 gritar y correr como si alguien la persiguiese. Pasadas cuatro horas de estar el cad\u00e1ver sobre el tablado, las familias mas principales pidieron permiso para recogerlo, y lo llevaron \u00e1 casa de sus padres, cuyo dolor se aument\u00f3 horriblemente en aquel momento. Al dia siguiente le hicieron el entierro mas lujoso que hab\u00edan visto los cordobeses.<\/p>\n<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el reinado de Felipe II, siendo Obispo de C\u00f3rdoba D. 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