{"id":2624,"date":"2024-02-21T09:29:08","date_gmt":"2024-02-21T09:29:08","guid":{"rendered":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=2624"},"modified":"2024-03-30T17:04:34","modified_gmt":"2024-03-30T17:04:34","slug":"cuando-caigan-las-murallas","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=2624","title":{"rendered":"Cuando Caigan las Murallas"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image alignleft is-resized\"><img decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"501\" data-src=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/26.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2625 lazyload\" style=\"--smush-placeholder-width: 640px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 640\/501;width:511px;height:auto\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>CUANDO CAIGAN LAS MURALLAS. Ultimas Noticias de Qurtuba, Primeras Noticias de C\u00f3rdoba.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ultimas Noticias de Qurtuba, Primeras Noticias de C\u00f3rdoba.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cQuerida Yamila:<\/p>\n\n\n\n<p>Te escribo hoy d\u00eda 15 de Hzeeraan (Junio), del a\u00f1o seiscientos catorce (1236 D.C.), para comunicarte, que estoy sano y salvo.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo espero que t\u00fa, mi bella flor, junto con nuestros hijos os encontr\u00e9is bien en la lejana Ifriquiya. Os echo de menos cada minuto que pasa, pues es mucho el tiempo que no os veo, a pesar de que, en mi coraz\u00f3n, a cada latido, repita vuestros nombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Querida esposa, perd\u00f3name por haberos dejado solos, no a vuestra suerte, pues tu familia, en parte, os acompa\u00f1a, pero no puedo hacer otra cosa, mi alma, me lo impide.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo me compensa la tranquilidad de que est\u00e9is lejos de cualquiera de los peligros y vicisitudes de esta nuestra ciudad. A\u00fan resuena en mis o\u00eddos tu llanto y el de los ni\u00f1os al marcharos, tu cara, llena de l\u00e1grimas y desencajada, y mi coraz\u00f3n se estremece al recordarlo, y durante un segundo desear\u00eda poder dejar esto y abrazaros con tal fuerza que podr\u00eda romperos.<\/p>\n\n\n\n<p>Querida, te echo de menos en estas calurosas noches, cuando el bochorno, el miedo, y la incertidumbre no me dejan dormir.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero cr\u00e9eme, esto no es lo que hace a\u00f1os era, ha cambiado radicalmente, y no para mejor como puedes imaginar, prefiero que recuerdes nuestra casa, como la dejaste, el lugar de nuestros paseos, que, aunque no eran los de la C\u00f3rdoba Imperial, en nada se parecen a los que ahora puedo contemplar, pelados de \u00e1rboles, destruidos los bancos, rotas las pajareras, y los jardines destrozados, como si los hubiera comido un elefante. Estos que otrora fueron maravillas, y ahora, solo son lugares de muerte y desolaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Te escribo desde la azotea de nuestra casa, y desde ella puedo ver la m\u00e1s bella de las ciudades, puedo ver como muere, como es muerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Atardece, la luz, que aqu\u00ed parece inacabable, contin\u00faa ilumin\u00e1ndolo todo, pero ya no hay rumor de fuentes, ni del agua fluyendo por los incontables ca\u00f1os, los cristianos los han cortado todos, los del Elefante, los de Camello, cualquier sitio por donde llega el agua, ha sido sellado y bien sellado, y el Gran rio (Wad al Quibir), bulle de cuerpos purulentos y podridos que lentamente arrastran sus aguas.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias a Al\u00e1, el misericordioso, tenemos pozos, y aguas del interior de la tierra, que impedir\u00e1n que muramos de sed, que no de hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>Miro a mi derredor y veo, en la lejan\u00eda, los minaretes de muchas mezquitas ca\u00eddos, y como nubes de humo negro se elevan de sus emplazamientos, y cientos de nubes m\u00e1s, que acompa\u00f1an a los sagrados lugares, en la locura de los salvajes cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguno hemos conocido la ciudad como fue en tiempos del victorioso (Almanzor), ni conocimos la ciudad brillante (Madinat Al Zahra), si hemos visto como se reduc\u00eda paso a paso, a\u00f1o a a\u00f1o, como los arrabales se encog\u00edan sobre si mismos y las riadas de cordobeses que hu\u00edan de esta tierra ahora maldita, en un momento atacada por cristianos, en el siguiente por nuestros propios hermanos musulmanes, cuando no por ambos en alianza.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiempo de locos, momento de locura, Qurtuba muere, morir\u00e1, prefiero que queden en tu coraz\u00f3n y tu memoria, nuestros paseos, aun en tiempos turbulentos, por los jardines del Gran Rio, de la frescura de la primavera, de la belleza de los atardeceres en verano, de lo que a\u00fan quedaba de la que fue capital del mundo, y que ahora es apenas carnaza para los hombres de la maldita cruz.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfRecuerdas la almunia de nuestro primo Rahid, en la falda de las monta\u00f1as?, estuvo ardiendo varios d\u00edas, y por las noches era un espect\u00e1culo t\u00e9trico ver como las llamas destru\u00edan lo que hab\u00eda sido un pedazo de para\u00edso en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el peor enemigo, no es el que quiere asaltar las murallas, son los propios cordobeses, el saqueo y la rapi\u00f1a se apodera de todos aquellos que malviv\u00edan en los arrabales, y ahora moran en los palacios abandonados de sus due\u00f1os, donde todo lo que qued\u00f3 de valor, ha sido mil veces saqueado y vendido. Ahora, sin nadie que los frene, aterran a aquellos desgraciados, que, como yo, han escogido quedarse, en ese momento es cuando salgo en su busca, y los matamos como lo que son, perros, y es cuando me alegro de que os hall\u00e9is lejos de todo esto.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a pesar de todo, est\u00e1 vac\u00eda, \u00bfCu\u00e1ntos quedamos?, no lo s\u00e9, pero pocos, de mi Alam (Regimiento de mil hombres), apenas si queda para un Liwa (Secci\u00f3n de doscientos hombres), es decir soy un Naquib, yo, que ha tenido que dejar sus pendones y fundirlos en uno solo, el que t\u00fa siempre quisiste, el caballo negro sobre fondo verde, el de mi padre, de mi abuelo, \u00a1de tantas generaciones\u00a1<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfRecuerdas a Abdul\u00e1, el que me juro fidelidad, y prometi\u00f3 dar su vida por la m\u00eda?, \u00bfel Arif (Oficial) en quien m\u00e1s confianza ten\u00eda?, desert\u00f3 hace dos d\u00edas con veinte hombres m\u00e1s, algunos de ellos con sus familias, \u00bftendr\u00eda que perseguirlos?, no, los comprendo, s\u00e9 que Abdul\u00e1 no tiene miedo, no lo ha tenido nunca, pero sabe que Qurtuba caer\u00e1, y ha visto lo que los cristianos hacen a aquellos que se les oponen, y han temido por las suerte de sus familias, espero que se salven, solo los locos como yo, somos lo suficientemente lerdos como para quedar entre estas ruinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ayer mis hombres mataron a varios saqueadores que quer\u00edan robar los pebeteros de plata de la Mezquita de los Pescadores, no sent\u00ed pena, ellos tampoco, pero lo peor, es que es el d\u00eda a d\u00eda, todos piensan, y con raz\u00f3n, que lo m\u00e1s inteligente es huir, solo mis hombres, aquellos que, como yo, prefieren morir aqu\u00ed, continuamos empecinados en defenderla.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada d\u00eda quedamos menos, los cristianos se empecinan en asaltar las viejas murallas de la Axerquia (Barrio del Este), y las descuidadas del rio, las que pueblan los juncos y el lodo, y ataque tras ataque, algo se derrumba, y la ciudad es m\u00e1s d\u00e9bil, y hay menos soldados para defenderla, bien muertos, bien huidos en deserci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s da?, pero ellos parecen disponer del n\u00famero de los enjambres, y con testarudez embisten una y otra vez como toros heridos por los t\u00e1banos, sin importarles la defensa que les oponemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Reforzamos las murallas que caen, con las piedras de los palacios derruidos, de las mezquitas ca\u00eddas, de tal forma que parece la frazada de un pobre, pues est\u00e1 plagada de mil colores, pero aguanta, y m\u00e1s all\u00e1 de ellas, solo ruinas, humo y en la noche los mil fuegos que pueblan Qurtuba en derredor, \u00a1malditos adoradores del diablo!, \u00bfno habr\u00e1 rayo que los fulmine?<\/p>\n\n\n\n<p>Una y otra vez, matamos y somos muertos, una y otra vez entran, asaltan las murallas como demonios, y los expulsamos de nuevo, y solo quedan cad\u00e1veres que llevamos al rio, para evitar las calamidades de la podredumbre, sin importarnos que sean nuestros hermanos o enemigos, pues la muerte rasa al hombre en igualdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Un chusco de pan viejo y correoso, algo de cecina dura como las piedras, pero no nos quejamos, luchamos d\u00eda a d\u00eda, momento a momento, como si fuera el \u00faltimo, y el caballo negro en la bandera verde, aunque hecha jirones, ondea al viento, tanto que los cristianos han prometido cien d\u00edrhams de plata al que la entregue al sanguinario rey Fernando, a quien Al\u00e1 maldiga.<\/p>\n\n\n\n<p>Si, Yamila, Qurtuba arde por los cuatro costados, el calor ayuda a los incendios, y veo como la biblioteca est\u00e1 en llamas, y nadie lucha por apagarla, y la miramos, incr\u00e9dulos, y sin importarnos que se extienda, como si lo dese\u00e1ramos, pues todo est\u00e1 vac\u00edo. \u00bfQuieres un palacio?, ven y c\u00f3gelo, pero solo el tiempo que nos queda, aquellos que m\u00e1s necesarios eran, fueron los primeros en huir.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la noche solo se oye la ronda de mis hombres o de cualesquiera otros soldados, que no reparan en los que, contraviniendo el sagrado Cor\u00e1n, beben hasta caer en delirios cercanos a la muerte, la desesperaci\u00f3n es tal, que encontramos mujeres y hombres que se han colgado, o que se han cortado las venas, sabemos que han pecado, pero los comprendemos, y quiz\u00e1s, hasta los envidiamos, y seguimos con nuestras rondas.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s triste, es cuando a pesar de todo, alguna patrulla apresa a un desertor, sabemos que no tiene sentido, pero lo ejecutamos, y es duro, pero a la vez, extra\u00f1amente, nos hace saber que somos mejores, aunque tengamos la certeza de que nosotros no tenemos ni la oportunidad que tuvo, el que acabamos de ajusticiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cristianos, son como los cerdos, y huelen como tales, pero no debo de negar que son valientes, no cejan y en eso los admiro, no hay peor cosa para un soldado que caer muerto por un cobarde, por lo menos tengo la suerte de que mi enemigo es valeroso, y que no teme morir, como yo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Te ahorro el hedor de los muertos, la visi\u00f3n de todo con una capa de ceniza de pulgadas, de los cuerpos malolientes en la calle, abandonados, como si nunca hubieran valido nada, ni siquiera en vida, la agon\u00eda de los heridos, el hambre de los ni\u00f1os, y las visiones de horror que todo esto trae, y perd\u00f3name por cont\u00e1rtelo, pero quiero que comprendas porque est\u00e1s lejos de todo esto\u2026y que me perdones.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa amada Yamila, que un \u00e1rbol cuando est\u00e1 enraizado, no se puede trasplantar, nac\u00ed aqu\u00ed, como mi padre, y el padre de mi padre, y as\u00ed hasta incontables generaciones, que se pierden en el libro de los tiempos, y llevo el gran rio corriendo en mis venas, morir\u00eda, languidecer\u00eda hasta morir, lejos de la Mezquita Aljama, del Alc\u00e1zar\u2026 de nuestra casa, donde a\u00fan huele a ti. Me despierto por las noches y voy a nuestra habitaci\u00f3n, llena de polvo y ceniza, y me acerco tu ropa a la cara, y me dejo llevar, record\u00e1ndote, record\u00e1ndonos en nuestras noches de amor, aqu\u00ed, no en otro sitio, no en otro lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Espero que me comprendas\u2026 y que me perdones, mientras haya la m\u00e1s m\u00ednima esperanza, aunque parezca una locura, de que pueda salvarse esta, nuestra ciudad, quedar\u00e9 aqu\u00ed, espero que lo entiendas.<\/p>\n\n\n\n<p>Yamila, amada m\u00eda, oigo al almuec\u00edn de la Mezquita Aljama, nuestra joya m\u00e1s preciada llamar a la oraci\u00f3n, \u00bfser\u00e1 la \u00faltima vez?, \u00bfse apagar\u00e1 la voz que llama a los creyentes, como si nunca hubiera existido?, no lo s\u00e9, pero creo, que poco tiempo resta para que todo lo que me rodea sea solo un mont\u00f3n de ruinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo un \u00faltimo favor, h\u00e1blales a nuestros hijos de m\u00ed, no deseo que perdure mi recuerdo en los libros de historia, pero si en el coraz\u00f3n de los que amo, diles que su padre luch\u00f3 como un le\u00f3n, y muri\u00f3 defendiendo la tierra que le vio nacer, que los vio nacer, que te vio nacer, con la esperanza, aunque peque\u00f1a, remota, y est\u00fapida de que no sea destruida, hazles sentirse orgullosos, como espero que t\u00fa, aun sabiendo de mi locura, lo est\u00e9s tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Tu esposo que te amar\u00e1, mientras le quede un suspiro.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>________________<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cQuerido hijo m\u00edo, te hago llegar un presente que espero que enarboles con el honor de su anterior due\u00f1o, es una jineta cordobesa, la espada recta de los moros de esta tierra, de las que las nuestras descienden, es antigua, de una hechura sin par, nunca hab\u00eda visto una igual, es bella, y aunque carente de adornos, se nota que fue hecha con amor, y que su fiereza es terrible.<\/p>\n\n\n\n<p>En su hoja, cincelado en \u00e1rabe, aparece la leyenda \u201cQue el que me empu\u00f1e, lo haga con Honor\u201d, y es por ello que te la env\u00edo con Alfonso, que regresa herido de la campa\u00f1a contra los moros, con la esperanza y la certeza de que as\u00ed ser\u00e1 en tu mano, pues eres mi hijo, y nuestra sangre no conoce la traici\u00f3n ni la cobard\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que la respetes, te contar\u00e9 la historia de c\u00f3mo ha pasado a mis manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Bien es conocido, que lucho con nuestro primo Alvar, que como bien sabes, es docto en argucias y emboscadas, pues es perro viejo, cuando no, taimado zorro, valiente y pertinaz. Pues bien, no s\u00e9 c\u00f3mo, lleg\u00f3 a un acuerdo con los cristianos que a\u00fan quedaban en la ciudad, (moz\u00e1rabes), de tal forma, que nos dieron ropas de moro, y nos ayudaron a penetrar por la puerta de la Muralla de la Axerquia, la llamada Puerta de las Palmeras, all\u00ed, sin gran dificultad, dimos cuenta de los centinelas, los cuales, tampoco eran tropa bragada, pues esperaban los moros que atac\u00e1ramos donde estaba el grueso de nuestra caballer\u00eda, en la Puerta de Martos, cerca del Rio, lejana en demas\u00eda de la Puerta de las Palmeras.<\/p>\n\n\n\n<p>Con gran esfuerzo, en la cerrada noche, acabamos con cualquiera que se nos opuso, pues \u00e9ramos muchos, duchos en pelea, y bien armados, pero cuando se inici\u00f3 la amanecida, la resistencia se hizo mayor. A pesar de haberlos pillado en total sorpresa, algunos de ellos se organizaron, de tal forma que nos encontramos en una de las estrechas calles, con una tropa de unos diez o quince de ellos, bien armados y protegidos, se les ve\u00eda tambi\u00e9n profesionales, y conocedores de armas.<\/p>\n\n\n\n<p>Alvar tom\u00f3 otra estrecha calle, para continuar hasta poder abrir las puertas a la caballer\u00eda, y nosotros, m\u00e1s de treinta, quedamos para hacerles frente, pues lo importante no eran esos moros, sino que la tropa de Alvar continuara.<\/p>\n\n\n\n<p>Los embestimos con la misma fuerza que nos recibieron, de tal forma que se produjo un enfrentamiento de los de temer, y a pesar de ser menos, aguantaron el envite, de tal forma que cayeron algunos de los m\u00edos. \u00bfRecuerdas a Gutierre, el hombr\u00f3n del caser\u00edo de los Urdes?, pues el que parec\u00eda mandar la tropa, de apenas dos tajos, lo mand\u00f3 con nuestro se\u00f1or al cielo, al hombre que parec\u00eda un coloso, y que hab\u00eda sobrevivido a mil batallas, adem\u00e1s, dej\u00f3 a dos de los nuestros malheridos.<\/p>\n\n\n\n<p>No quer\u00eda m\u00e1s muertos entre los nuestros, pues aquel hombre, era el demonio con la espada, as\u00ed que no te extra\u00f1e a ti, que me conoces, que me fui hacia \u00e9l, sin pensar en que me ensartar\u00eda como a un cochinillo. Pero ya estaba herido, Gutierre, le hab\u00eda dado un tajo de cuidado en el costado, as\u00ed que, en poco, ten\u00eda dos m\u00e1s, estos de mi factura, con lo que derramaba sangre como cordero en matadero. Sin fuerzas, cay\u00f3 de rodillas.<\/p>\n\n\n\n<p>Acabada la pelea, y muertos el resto, el moro, me mir\u00f3 a los ojos, y me record\u00f3 a ti, querido hijo m\u00edo, pues los ten\u00eda los ojos de color verde, de la tonalidad fuerte de los tuyos, y en ese momento se me encogi\u00f3 el alma, pues cre\u00ed que te mataba.<\/p>\n\n\n\n<p>El moro, dej\u00f3 caer la espada, pues ni fuerzas ten\u00eda ya para mantenerla en alto, y coloc\u00f3 las manos en la forma en que rezan ellos, con las palmas hacia arriba, despu\u00e9s se cogi\u00f3 la cota de malla que le cubr\u00eda el cuello, y la separ\u00f3 hacia un lado, ofreci\u00e9ndome la carne, me volvi\u00f3 a mirar fijamente, y asinti\u00f3 con la cabeza, como si me agradeciera lo que iba a hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>No lo pens\u00e9 dos veces, no por odio, sino por un sentimiento extra\u00f1o, le atraves\u00e9 la abertura que dejaba la protecci\u00f3n con profundidad y fuerza, pues no quer\u00eda que sufriera, no s\u00e9 por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Cay\u00f3 de lado, a pesar de la ferocidad de la herida que lo mataba, se dej\u00f3 caer l\u00e1nguidamente como si fuera a dormir, mir\u00e9 a mis hombres, y nadie dijo nada, cog\u00ed su espada del suelo y la contempl\u00e9 con respeto, despu\u00e9s volv\u00ed la cabeza hacia mis hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMoro, y valiente, les dije, pero continuemos, que hemos de hacer lo que nos han mandado\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Ellos, mis hombres, quiz\u00e1s lo hayan olvidado, \u00a1son tantas las historias de los que tenemos la suerte de sobrevivir a las batallas!, que quiz\u00e1s, para ellos solo haya sido una m\u00e1s, pero para m\u00ed, el moro de los ojos verdes, verdes como los tuyos, que muri\u00f3 con honor, defendiendo lo indefendible, sabiendo que morir\u00eda sin remedio, me hizo admirarlo, por ello te env\u00edo su espada, con la esperanza de que parte del valor de este, mi enemigo, se transmita a ti.<\/p>\n\n\n\n<p>Tu padre que bien te quiere.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>_______________________<\/p>\n\n\n\n<p>El a\u00f1o de Nuestro se\u00f1or de veintis\u00e9is de junio de mil y doscientos y treinta y seis, festividades de celebraci\u00f3n y loores de nuestros Santos Pedro y Pablo y bajo su protecci\u00f3n, mi se\u00f1or el Rey Fernando III, conocido en toda la cristiandad como el Santo, tom\u00f3 la ciudad de Qurtuba, de manos de los infieles. Gloria Te Deum.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy reluce al sol la Sagrada Cruz, sobre el alminar de la Mezquita Aljama.<\/p>\n\n\n\n<p>___________________________________<\/p>\n\n\n\n<p>Tras seis meses de asedio, abandonados por su Rey Ibn Hud y los reinos vecinos, exhaustos y hambrientos, los cordobeses, entregan la ciudad al Rey cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Las Capitulaciones de rendici\u00f3n, exigen a sus habitantes que la abandonen, cosa que as\u00ed hacen, eso no impide que sean v\u00edctimas del pillaje y los ultrajes, algunos, muchos, son aprisionados como esclavos. &nbsp;Lo pierden todo, hasta el recuerdo, que se borrar\u00e1, poco a poco, de las cr\u00f3nicas castellano-leonesas, por lo menos tal como fue la incre\u00edble C\u00f3rdoba Califal.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad nunca volver\u00e1 a ser la misma, no mejor, ni peor, sino diferente.<\/p>\n\n\n\n<p>Qurtuba ha muerto, C\u00f3rdoba nace. De nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>______________<\/p>\n\n\n\n<p>Salido de mi mente, sin base ninguna, desde el principio al final, solo es producto de m\u00ed imaginaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CUANDO CAIGAN LAS MURALLAS. Ultimas Noticias de Qurtuba, Primeras Noticias de C\u00f3rdoba. Ultimas Noticias de Qurtuba, Primeras Noticias de C\u00f3rdoba. \u201cQuerida Yamila: Te escribo hoy d\u00eda 15 de Hzeeraan (Junio), del a\u00f1o seiscientos catorce (1236 D.C.), para comunicarte, que estoy sano y salvo. 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