{"id":2269,"date":"2024-02-20T09:04:32","date_gmt":"2024-02-20T09:04:32","guid":{"rendered":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=2269"},"modified":"2024-02-20T09:04:33","modified_gmt":"2024-02-20T09:04:33","slug":"la-celada-a-don-clemente-de-caceres","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=2269","title":{"rendered":"La Celada a Don Clemente de C\u00e1ceres."},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-top\" style=\"grid-template-columns:34% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"581\" data-src=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/image-80.jpeg\" alt=\"No hay ninguna descripci\u00f3n de la foto disponible.\" class=\"wp-image-2270 size-full lazyload\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 800px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 800\/581;\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p>Corr\u00edan los primeros a\u00f1os del siglo XVI, <a><\/a>tiempos de aventuras para los j\u00f3venes cordobeses, seg\u00fan las muchas tradiciones llegadas \u00e1 nosotros. Entre aquellos, distingu\u00edase D. Clemente de C\u00e1ceres, de vida novelesca y relajada, entregado \u00e1 continuos amor\u00edos, sin respeto \u00e1 la amistad, y arrollando cuanto se opon\u00eda al logro de sus deseos. No falt\u00e1banle amigos; mas su n\u00famero era insignificante, comparado con las personas ofendidas por sus liviandades, que profes\u00e1ndole el odio mas encarnizado, aguardaban ocasi\u00f3n de vengar en \u00e9l las ofensas que les hab\u00eda causado. Seg\u00fan hemos dicho, la antigua capilla del hospital de los Angeles, ten\u00eda arcos \u00e1 la Corredera; por ellos reflejaba la tenue luz de sus vacilantes l\u00e1mparas, haciendo destacar en la oscuridad de la plaza, la pasajera sombra de los pocos trasnochadores que por all\u00ed transitaban. Uno de ellos era D. Clemente de C\u00e1ceres, que en direcci\u00f3n \u00e1 la calleja del Toril, se descubr\u00eda \u00e1 la vista del templo, sintiendo en el coraz\u00f3n el peso abrumador de su conciencia. \u00a1Cu\u00e1ntas noches fij\u00f3 sus ojos en el rostro angelical de aquella imagen, y cu\u00e1ntas crey\u00f3 que lo llamaba \u00e1 s\u00ed para apartarlo de sus liviandades! \u00a1Cu\u00e1ntas veces, tambi\u00e9n, conociendo sus extrav\u00edos, promet\u00eda ser aquella la \u00faltima noche \u00e1 ellos entregado; mas, con qu\u00e9 facilidad olvidaba estas promesas!<\/p>\n\n\n\n<p>Las dos habia dado el reloj de la ciudad, cuando una noche, al llegar D. Clemente en su regreso \u00e1 la calleja del Toril, por la plazuela de los Cedaceros, oy\u00f3 un silbido extra\u00f1o, presagio de alguna funesta aventura. Los hombres de su temple, no se arredran ante el peligro, y primero sucumben que dar una muestra de cobard\u00eda. El tiempo estaba sereno, la luna dejaba divisar los bultos, y bien pronto vio dos hombres \u00e1 su espalda y otros dos que entraban por el lado opuesto: dio la vuelta hacia la Corredera, y otros cuatro hombres cerraban la salida: eran ocho los que acechaban al valiente joven, que sacando su espada, se dispuso, \u00e1 vender su vida lo mas caro posible: ocho aceros se preparaban \u00e1 hundir sus puntas en su pecho: entonces, apoy\u00f3 su espalda en una puerta que ca\u00eda \u00e1 la ermita de los Angeles, y viendo su muerte segura, grit\u00f3, acord\u00e1ndose de la imagen: \u00abMadre m\u00eda, ven en mi socorro\u00bb en esto, cay\u00f3 desmayado dentro de la iglesia, cerr\u00e1ndose la portezuela, en la que se clavaron las ocho espadas de sus contrarios. El libertino joven D. Clemente de C\u00e1ceres, cambi\u00f3 su licenciosa vida por la del hombre honrado, y a poco, lo vemos aparecer como uno de los mas fervorosos cofrades de la hermandad de Ntra. Sra. del Socorro y Benditas Animas, de que se cree ser uno de los fundadores.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuadro de Francisco Dom\u00ednguez M\u00e1rquez.<\/p>\n<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Corr\u00edan los primeros a\u00f1os del siglo XVI, tiempos de aventuras para los j\u00f3venes cordobeses, seg\u00fan las muchas tradiciones llegadas \u00e1 nosotros. Entre aquellos, distingu\u00edase D. Clemente de C\u00e1ceres, de vida novelesca y relajada, entregado \u00e1 continuos amor\u00edos, sin respeto \u00e1 la amistad, y arrollando cuanto se opon\u00eda al logro de sus deseos. 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