{"id":2253,"date":"2024-02-20T08:57:05","date_gmt":"2024-02-20T08:57:05","guid":{"rendered":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=2253"},"modified":"2024-03-09T08:38:30","modified_gmt":"2024-03-09T08:38:30","slug":"el-capitan-del-rey-pedro-y-el-mesonero-de-la-posada-del-potro","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/pedrocasiano.es\/?page_id=2253","title":{"rendered":"El Capit\u00e1n del Rey Pedro y el Mesonero de la Posada del Potro"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image alignleft size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"680\" data-src=\"https:\/\/pedrocasiano.es\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/61612956_2327003544024971_5368360759497588736_n.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3878 lazyload\" style=\"--smush-placeholder-width: 1024px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 1024\/680;width:470px;height:auto\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>El mesonero de la Posada del Potro, era un hombre de cort\u00edsima estatura, corcovado y de traidora mirada, el cual hab\u00eda llegado \u00e1 adquirir entre sus convecinos gran fama de rico y mal intencionado. Una noche de esas que infunden m\u00e1s pavor por el ruido que arman los vendavales al estrellar contra las puertas y ventanas el agua que cae a torrentes sobre los campos y ciudades, llamaron \u00e1 la puerta del mes\u00f3n del Potro, y a la opaca y vacilante luz del farolillo que pend\u00eda de la callosa mano de aquel hombrecillo, se vio penetrar en el mes\u00f3n y sobre un fogoso caballo, a un apuesto y aguerrido joven, que por su traje dio \u00e1 conocer ser capit\u00e1n de las tropas del Rey D. Pedro, apellidado el Cruel: entreg\u00f3 su hermoso alaz\u00e1n para llevarlo \u00e1 la cuadra y, mientras le preparaban hospedaje, se dirigi\u00f3 a la lumbre, rodeada de otros viajeros, todos de menos calidad, que al verlo se apartaron y descubrieron, demostrando el respeto que les infund\u00eda el traje del reci\u00e9n llegado: en una puerta cercana asom\u00f3se, atra\u00edda por la curiosidad, una gallarda joven, cuya presencia y modales desment\u00edan ser hija del mesonero, como todos aseguraban; \u00e9ste lleg\u00f3 \u00e1 seguida, y con ademan grosero la intim\u00f3 a retirarse, pero no tan pronto que el capit\u00e1n no se hubiese fijado en ella con extra\u00f1a curiosidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n sent\u00f3se, poniendo \u00e1 su lado una peque\u00f1a maletilla que cuidadosamente guardaba, y se enjugaba el empapado capotillo, cuando se le acerc\u00f3 el mesonero pregunt\u00e1ndole con la amabilidad posible en aquel rostro y voz de hiena:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Supongo que deseareis cenar, caballero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cansado en sumo grado me encuentro; pero no me vendr\u00eda mal alguna magra y un trago de vino, por muy avinagrado que est\u00e9 el que prepar\u00e9is \u00e1 vuestros hu\u00e9spedes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 En este mes\u00f3n, se\u00f1or capit\u00e1n, se distingue \u00e1 las personas seg\u00fan su clase, y as\u00ed se les trata, pues no todos pueden pagar lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Entonces lo que t\u00fa distingues es la bolsa y no al sujeto. Vamos pronto, para retirarme, que temprano he de partir.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfVais \u00e1 Sevilla? \u00bfTal vez all\u00ed os espera el Rey?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 All\u00e1 voy; pero eres demasiado curioso, y te advierto que no estoy dispuesto \u00e1 satisfacer muchas preguntas, con que dile \u00e1 esa moza que me sirva la cena, y basta de averiguar lo que no te importa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Yo mismo os servir\u00e9, porque os quiero distinguir entre todos los hospedados en mi mes\u00f3n; adem\u00e1s, mi hija es tan corta de genio, que no acertar\u00eda \u00e1 serviros como merec\u00e9is.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfY por qu\u00e9 tienes as\u00ed encerrada \u00e1 una mujer tan hermosa y, la tratas con tal despego?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Se\u00f1or, cada cual se entiende en su casa; adem\u00e1s, me hab\u00e9is prohibido haceros preguntas, y no dudo me conceder\u00e9is igual derecho respecto \u00e1 lo que \u00e1 m\u00ed compete.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tienes raz\u00f3n, despacha pronto.<\/p>\n\n\n\n<p>Sirvi\u00f3lo \u00e1 seguida un pernil de carnero y unos bizcochos, que solo pod\u00eda masticar una dentadura de veinticinco a\u00f1os, y tras un trago de vino del pa\u00eds, que a\u00fan se elaboraba mucho en C\u00f3rdoba, se puso en pie, preguntando cu\u00e1l era su cuarto, sin soltar un momento la maletilla, que ya iba excitando la codicia del mesonero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Os tengo al corriente el mejor aposento del mes\u00f3n, al extremo del pasadizo alto, donde no se\u00e1is molestado por los dem\u00e1s viajeros, ni por el ruido de las caballer\u00edas. Yo os guiar\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>El mesonero ech\u00f3 \u00e1 andar y el capit\u00e1n lo segu\u00eda \u00e1 corta distancia; m\u00e1s, al pasar por delante de otro cuarto, se entreabri\u00f3 la puerta y vio el rostro de la encantadora joven, que le dijo: \u2014 Caballero, no durm\u00e1is, \u2014 cerrando \u00e1 seguida para que no se apercibiesen de lo ocurrido.<\/p>\n\n\n\n<p>La estancia preparada al capit\u00e1n era por su aspecto, tal vez, la mejor de todo el mes\u00f3n, m\u00e1s no por eso pasaba su mueblaje de la cama, cuatro \u00f3 seis asentillos y una mesa, sobre la cual coloc\u00f3 el posadero la lamparilla, diciendo: \u2014 Si vais \u00e1 continuar ma\u00f1ana vuestro viaje, os llamar\u00e9 en cuanto amanezca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Un signo de aprobaci\u00f3n fu\u00e9 la respuesta, y todo qued\u00f3 en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar del valor tantas veces demostrado en los mayores peligros al lado del Rey D. Pedro, el capit\u00e1n permaneci\u00f3 despierto, meditando acerca del aviso de la gallarda joven, cuando era la hija del mesonero, si bien su rostro encantador y sus finos modales parec\u00edan desmentirlo. La noche se prestaba tambi\u00e9n \u00e1 desterrar el sue\u00f1o; el viento y el agua azotaban las puertas de la ventana, y la luz de los rel\u00e1mpagos permit\u00eda ver las rajas, convirti\u00e9ndolas en extra\u00f1as celos\u00edas; abri\u00f3las al fin el vendaval y, apagando la luz de la lamparilla, dej\u00f3 a nuestro apuesto mozo sin la \u00fanica compa\u00f1era que le ayudaba \u00e1 disminuir los mil fantasmas que parec\u00edale ver en el espacio; m\u00e1s, \u00e1 poco, oy\u00f3 como abrir una puertecilla; entonces retir\u00f3se \u00e1 un rinc\u00f3n, esgrimiendo la espada, pendiente a\u00fan de su cintura. Nada se o\u00eda; pero no dudaba del ruido, y sus ojos se dirig\u00edan con avidez \u00e1 todos los rincones, por si \u00e1 la luz de los rel\u00e1mpagos lograba divisar alg\u00fan objeto. Bajo el lecho en que el viajero pensaba hallar el apetecido descanso, vio, al fin, la siniestra figura del mesonero, con la cabeza asomada por una trampa que hab\u00eda en el suelo, observando sus movimientos y, sin duda, esperando \u00e1 que el sue\u00f1o lo rindiera. Furioso de ira y coraje, tir\u00f3 un mandoble hacia aquel lugar, y en seguida se arroj\u00f3 por la ventana \u00e1 un corralillo, donde se prepar\u00f3 \u00e1 vender bien cara su vida; m\u00e1s, casi instant\u00e1neamente, se le apareci\u00f3 la hija del posadero, envuelta en un manto y, agarr\u00e1ndolo de una mano, le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Por aqu\u00ed, caballero, por aqu\u00ed; idos y contad al Rey lo que pasa en el mes\u00f3n del Potro.<\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n atraves\u00f3 una peque\u00f1a caballeriza, y \u00e1 seguida encontr\u00f3se en el patio principal del mes\u00f3n, donde ya algunos arrieros estaban arreglando sus cabalgaduras para partir, y otros se preparaban \u00e1 sacar sus mercanc\u00edas al Rastro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Eh! mesonero! \u2014 exclam\u00f3 fuera de s\u00ed; m\u00e1s \u00e1 seguida reflexion\u00f3 que deb\u00eda obrar con la mayor cautela.<\/p>\n\n\n\n<p>No tard\u00f3 aquel extra\u00f1o ente en presentarse; pidi\u00f3le la cuenta y le mand\u00f3 traer la maletilla que hab\u00eda dejado en su aposento, en tanto que \u00e9l preparaba su alaz\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 hab\u00e9is dormido tan poco? \u2014pregunt\u00f3 aquella raqu\u00edtica figura, volviendo y entregando la maleta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 No lo s\u00e9,\u2014 contest\u00f3 el capit\u00e1n; \u2014 preocupado, sin duda, con la urgencia de partir \u00e9 indispuesto con la pesada cena que me disteis, he pasado la noche so\u00f1ando, y al fin resolv\u00ed dejar el lecho donde tan inc\u00f3modo me encontraba. Tomad vuestro dinero, y Dios os d\u00e9 buena suerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Las pesadas puertas del mes\u00f3n del Potro giraron sobre sus pernos, y el capit\u00e1n sali\u00f3 en direcci\u00f3n \u00e1 la puerta de Sevilla, por donde emprendi\u00f3 su viaje para aquella entonces corte del Rey D. Pedro.<\/p>\n\n\n\n<p>Por breves momentos nos trasladamos \u00e1 el Alc\u00e1zar de Sevilla, donde \u00e1 los cinco \u00f3 seis d\u00edas fue recibido el capit\u00e1n por S. A., que m\u00e1s como \u00e1 hermano que como s\u00fabdito lo miraba. Di\u00f3le cuenta del desempe\u00f1o de su cometido; mereci\u00f3 ser aprobado, y despu\u00e9s cont\u00f3 cuanto le hab\u00eda ocurrido en C\u00f3rdoba, siendo o\u00eddo con marcadas muestras de aprecio y curiosidad; al cabo, le dijo D. Pedro:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Me parece, capit\u00e1n, que la hermosa mesonera os hizo perder el seso, y que esa es la causa principal de tan extra\u00f1a aventura; sin embargo, iremos \u00e1 C\u00f3rdoba, y yo os prometo averiguar la verdad de todo. Os juro que si all\u00ed se encierran esos cr\u00edmenes que sospech\u00e1is, el mesonero del Potro ha de ser el escarmiento de todos los de su clase.<\/p>\n\n\n\n<p>Un mes habr\u00eda pasado de aquella extra\u00f1a escena, cuando C\u00f3rdoba supo con asombro que el Rey D. Pedro se encontraba en su Alc\u00e1zar, sin previo aviso al Corregidor: \u00e9ste, con los caballeros Treces, despu\u00e9s Veinticuatros, se le presentaron \u00e1 la ma\u00f1ana siguiente, siendo sorprendidos por la orden del Monarca, de no separarse de su persona hasta llevar \u00e1 cabo una diligencia que por s\u00ed propio hab\u00eda de evacuar, acompa\u00f1ado de todos. A poco salieron del Alc\u00e1zar y dirigi\u00e9ndose hacia el Potro penetraron en el mes\u00f3n, cuyo due\u00f1o se present\u00f3, al parecer tranquilo, hasta que vio al capit\u00e1n; entonces qued\u00f3 convulso y aterrado: recorrieron todo el edificio, hallaron una trampa \u00f3 puertezuela bajo el lecho que serv\u00eda a los viajeros ricos, sacaron \u00e1 la joven que se abraz\u00f3 a los pies del Rey pidi\u00e9ndole venganza, desenterraron infinidad de cad\u00e1veres y encontraron cuantiosas alhajas y ropas robadas \u00e1 los desgraciados que sufrieron la muerte cuando tranquilos y confiados se entregaban al sue\u00f1o; de uno de ellos era hija la encantadora y desgraciada joven que tanto interes\u00f3 al capit\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Una fiera, en sus momentos m\u00e1s rabiosos, no era comparable al Rey D. Pedro que, agarrando al mesonero del cuello, le hizo salir de un empell\u00f3n \u00e1 la mitad de la plaza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Y t\u00fa, Corregidor, grit\u00f3 descompuesto, \u00bft\u00fa no sabias esto? \u00a1Ira de Dios, y aun me llamareis cruel al castigar \u00e1 ese infame! Pronto, mis verdugos, agarrad \u00e1 ese reptil, atadle las manos \u00e1 la reja de su mes\u00f3n, traed los dos primeros potros que ah\u00ed encontr\u00e9is y amarr\u00e1ndole \u00e1 ellos los pies, azotadlos para que al empuje lo despedacen.<\/p>\n\n\n\n<p>Un grito de horror son\u00f3 en todos los presentes y que D. Pedro apag\u00f3, exclamando de nuevo: \u2014 Silencio, el que no quiera sufrir la misma suerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Momentos despu\u00e9s los brazos del mesonero pend\u00edan de la reja, el cuerpo hab\u00eda sido arrastrado hacia la calle de Lineros, entonces la Curtidur\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>D. Pedro entreg\u00f3 al capit\u00e1n como esposa la bella joven que era noble y honrada, con todas las riquezas que all\u00ed se encontraron, y volvi\u00e9ndose al Corregidor y caballeros Treces, les dijo estas significativas frases:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Ya que no sabes ejercer en mi nombre la justicia que te he confiado, he venido en persona \u00e1 ense\u00f1arte tu deber; m\u00e1s, ten entendido, que, si \u00e1 hacerlo otra vez me obligas, har\u00e9 recordar en t\u00ed al mesonero del Potro.<\/p>\n\n\n\n<p>Paseos por C\u00f3rdoba, Ram\u00edrez de Arellano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El mesonero de la Posada del Potro, era un hombre de cort\u00edsima estatura, corcovado y de traidora mirada, el cual hab\u00eda llegado \u00e1 adquirir entre sus convecinos gran fama de rico y mal intencionado. 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